Temporadas: 2.
Finalizada: sí, desgraciadamente.
Tipo: Thriller, intriga, policiaca.
Dónde verla: Netflix.
De vez en cuando, Netflix, la más comercial de las plataformas, nos sorprende con una joya: Arcane, Peaky Blinders, Ripley, Samurai de ojos azules, Unorthodox, Adolescence… y también nos sorprende cancelando alguna de ellas, como sucedió con Mindhunter. Aunque sus fans no perdemos la esperanza de que algún día se haga una tercera temporada, o, al menos, las películas prometidas, lo cierto es que han pasado ya seis años y cada vez esa posibilidad es menor.
Esta brillante serie policíaca nos lleva a 1977, y recrea libremente unos hechos reales: las innovadoras propuestas de dos agentes de la Unidad de Ciencia del Comportamiento del FBI, John E. Douglas y Robert Ressler, que dieron origen a los perfiles psicológicos. En la serie, el personaje principal, Holden Ford, es un negociador del FBI que, tras escuchar a un profesor en una conferencia asegurar que la investigación está diseñada para criminales del siglo XIX y que debe evolucionar, se va a tomar unas copas con él a un bar porque necesita escuchar sus teorías. Poco después, Holden conocerá a Debbie, una estudiante de psicología que también se plantea los nuevos retos de la investigación criminal. Holden se siente totalmente atrapado por la certeza de que es necesario cambiarlo todo, y, tras unos cuantos rodeos para amenizar la historia, se une a un agente de mayor edad, Bill, y comienza a recorrer el país con él para impartir seminarios, intentando modernizar a los agentes. Los dos compañeros, totalmente convencidos de que las cosas tienen que cambiar, comienzan a analizar los crímenes, especialmente los de asesinos múltiples (aún no se había inventado el término de asesino en serie), desde una nueva perspectiva, intentando comprender por qué cometen esos terribles asesinatos y convertir esa información en pautas. Para ello, deciden entrevistar a los criminales más sanguinarios de la época, aprovechando sus seminarios, y conciertan entrevistas según las ciudades que visitan. No a todo el FBI le va a gustar este enfoque, evidentemente, y eso también lo recoge muy bien el guion.
En la primera temporada, esas entrevistas son el eje de la historia (aunque en las dos temporadas hay un hilo conductor: un asesino en serie, BTK), por encima de cualquier otra línea argumental, porque esas entrevistas cambiarán para siempre al FBI: hasta ese momento, luchaban contra los crímenes, pero, gracias al trabajo de esos agentes, comenzaron a prevenirlo. Los perfiles psicológicos ayudarán a detectar patrones sociopáticos que permitirán evitar muchas muertes. Y ver cómo se creó la Unidad de Comportamiento y cómo nació la técnica de los perfiles, aunque sea desde la ficción, es apasionante. La intuición de Holden para hablar con esos criminales es sobrecogedora, y, pese a los susurros y desconfianza que genera su trabajo, este avanza, aunque el agente tiene algunas graves crisis de confianza que amenazan con mandar todo al traste.
En la segunda temporada, que es superlativa también, Mindhunter se vuelve más coral, dando más protagonismo a otros personajes, y ya no se centra tanto en las entrevistas (aunque veremos la de Charles Manson) sino en la caza de BTK, el asesino en serie, usando para acorralarlo la información de toda esa investigación que han hecho y están haciendo.
Mindhunter es una serie excepcional, de las mejores que he visto del género, y solo tiene un defecto: que nos la quitaran tan pronto.
