«True detective» (2014-2024).

«True detective» (2014-2024).

Temporadas: 4.

Finalizada: ?.

Información.

Filmaffinity: Temporada 1; temporada 2; temporada 3; temporada 4.

Tipo: Thriller, intriga, policiaca.

Dónde verla: HBO, Movistar.


Vaya por delante que la idealización que se ha hecho de la primera temporada me parece exageradísima: es una serie excelente, incluso brillante, pero creo que el capítulo final es decepcionante, porque, en mi opinión, Rust Cohle (Matthew McConaughey), debería haber muerto, en vez de soltarnos el monólogo con moralina tan yanqui del final. Aun así, el nivel de la primera entrega de esta saga de historias de detectives es altísimo, aunque creo que la cuarta, Noche polar, está a la altura y hasta supera al origen de la franquicia, por mucho que les pese a todos los incels (indignados porque dos mujeres protagonicen la serie y parezcan no necesitar a los hombres para mucho más que para follar).

La primera entrega de la franquicia de Nic Pizzolatto, llamada simplemente True detective, nos lleva hasta Louisiana, donde los detectives Rust Cohle (Matthew McConaughey) y Martin Hart (Woody Harrelson) investigan un caso de un asesino en serie en el que ya habían trabajado unos años antes, sin llegar a cazarlo.. El choque entre los caracteres de estos dos detectives es lo mejor de la serie, sin duda. Martin me parece chungo, el típico machirulo, aunque la serie lo blanquea constantemente (para buscar el favor masculino, imagino, nos metieron con calzador la gratuita escena de sexo para enseñar las tetas de Alexandra Daddario), intentando que entendamos sus mierdas. Rusty mola mucho más, pese a su oscuridad (cuyo origen, la muerte de su hija, se nos irá desvelando poco a poco). La trama transcurre en dos espacios temporales. En el pasado, en 1995, los detectives son enviados a investigar el truculento asesinato de una mujer que ha aparecido desnuda, atada de pies y manos, con unos cuernos de venado en la cabeza. Pronto se darán cuenta de que esta muerte se relaciona con la desaparición de una niña, años antes, y deducen que están cazando a un asesino en serie. En el presente, en 2012, ya retirados de la policía, son interrogados por los detectives Maynard Gilbough y Thomas Papania, que investigan unos crímenes idénticos a aquellos, por lo que creen que se trata de un imitador. Esto da pie a que a Cohle y Hart regresen al pasado y los sigamos de 1995 a 2002. En el pasado seguimos las pesquisas de los dos detectives y nos adentramos en el violento mundo de una secta que reivindica a Jesús pero hace terribles rituales de brujería. La extraña iglesia está liderada por un pastor con mucho poder en Louisiana. Los detectives empiezan a encontrar referencias al enigmático The Yellow King y a un lugar llamado Carcosa, donde se cometen los crímenes. En el presente, Cohle y Hart unen fuerzas para cazar definitivamente al monstruo que se les escapó. Lo mejor de esta serie es el contraste entre los dos personajes, uno detestable pero con don de gentes y el otro, de difícil trato, pero sin embargo mucho más honesto, y una trama muy bien elaborada, que nos mantiene en tensión hasta el final.

La segunda entrega de la franquicia, True detective II, es la peor de todas, sin duda. Aun así, el vapuleo inclemente al que fue sometida me parece igual de exagerado que el culto a la primera. De verdad, no es tan mala: es, simplemente, normalita, y eso resultó imperdonable para los fanáticos de la primera (una panda de tarados, en mi opinión: me recuerdan a los mamones que llevan años dando la turra contra Star Wars o ahora contra Los anillos de poder, ese tipo de gilipollas que se creen seres elegidos). Si no te gusta perder el tiempo, como en esta franquicia no hay relación entre cada entrega, esta te la puedes saltar: es una miniserie normalita, muy alejada de la calidad de su predecesora. Ray Velcoro (Colin Farrell) es un detective de una ciudad ficticia de California que sufrió una tragedia familiar en el pasado, cuando trabajaba en Los Ángeles. Ese violento crimen marcará su vida, además de complicársela al verse obligado a pedir un crédito a un mafioso que lo tiene haciendo desde entonces trabajos sucios para él. Ray es un antihéroe: policía corrupto, bebe y se droga y está a punto de perder la custodia de su hijo. Tampoco le va mucho mejor a Ani Bezzerides (Rachel McAdams), una detective que arrastra los recuerdos de una infancia terrible y que es adicta al alcohol, al juego, al sexo… una joya, vamos. Sin embargo, a diferencia de Ray, ella se aferra a su trabajo de policía y se dedica a él con una enorme entrega. El triángulo lo completa Paul Woodrugh (Taylor Kitsch), un patrullero muy traumatizado por sus experiencias en la guerra y por su orientación sexual. La vida de los tres policías se cruza una noche cuando Paul, fuera de servicio, encuentra por casualidad un cuerpo al borde de una autopista. Tras descubrir que el muerto es un funcionario municipal, al lugar llegan Ray, encargado de la investigación, y Ani, por estar el cadáver en su jurisdicción. No miento si os digo que apenas recuerdo la trama, porque es una serie bastante aburridilla.

La tercera temporada es mejor que la segunda, pero tampoco pasará a la historia: es correcta, sin más. En esta viajamos en 1980 a Arkansas, donde desaparecen dos hermanos adolescentes tras salir en bici a ver a un amigo. Su padre, al ver que no vuelven, llama a la policía, y así llegan al pueblo Wayne Hays (Mahershala Ali) y su compañero Roland West (Stephen Dorff). La familia de los adolescentes es bastante chunga, ella alcohólica y él un títere: viven juntos pero no son ya pareja, y la tensión en la casa es evidente. Cuando Wayne encuentra en el bosque el cadáver del niño, con señales de un ritual de brujería, el caso comienza a complicarse, y los detectives intentan encontrar a la niña. En otra línea temporal, en 1990, Wayne es interrogado por dos fiscales por ese viejo caso, que él creía cerrado. Los fiscales terminan confesándole que creen que la niña sigue viva, lo que rompe los esquemas a Wayne. En esa línea temporal, Hays ya no investiga casos complicados y está casado con la antigua maestra de los niños Purcell, de la que se enamoró durante la investigación de 1980, y tienen dos hijos. Con la nueva pista de la niña viva, Hays es invitado a unirse a la nueva investigación, mientras su mujer investiga por su cuenta, pues ha escrito un libro sobre el caso. Y, para diferenciarla de la primera entrega, con la que tenía demasiadas similitudes ya, el guion nos cuela una tercera línea temporal, con Hays jubilado ya, siendo entrevistado por una periodista especializada en true crimes.

Y llegamos a la cuarta, Noche polar. ¡La de ríos de tinta vertidos por los machirulos para desacreditarla es para analizar! ¿Qué cojones le pasa a ese tipo de tíos que les molestan tantísimo las mujeres? Para mí es, sin duda, la mejor de las cuatro, ya que no comparto ese devoto fanatismo por la primera entrega. Noche polar transcurre en Alaska, donde ocho científicos que trabajaban en una estación de investigación desaparecen de manera misteriosa, y la lengua de una mujer aparece en la escena del crimen. La encargada de la investigación es la jefa de la policía local, Liz Danvers (Jodie Foster), quien deduce que la lengua es de una mujer nativa y empieza a tirar de ese hilo para investigar, con ayuda de la policía Evangeline Navarro (Kali Reis) Navarro cree que la víctima podría ser Annie, una mujer Iñupiaq que fue asesinada y mutilada por protestar en contra de una mina local: han pasado seis años y el caso no ha sido resuelto.

Danvers va desenredando una complicada madeja y descubre una foto que desvela una relación entre Annie con Raymond, uno de los científicos desaparecidos, y, aunque al principio tienen sus más y sus menos, finalmente se unirá a Navarro para descubrir a los culpables: juntas van hasta un lago congelado tras llamarlas Rose, una extraña mujer que vive a las afueras y que ha encontrado allí los cadáveres desnudos de los investigadores, congelados en una sola pieza. Lo mejor de esta miniserie son sus dos protagonistas, que llenan la pantalla con su fuerza, y el escenario, esa noche polar eterna y gélida, que tan bien acompaña la trama.

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