Temporadas: 4.
Finalizada: sí.
Tipo: Amor, amistad.
Dónde verla: Netflix.
Basada en las exitosas novelas de Elísabet Benavent, Valeria nos atrapó desde la primera temporada con la historia de cuatro amigas que caminan hacia los 30 sintiendo que sus vidas no son lo que esperaban. Valeria, la protagonista, es escritora, pero tiene un bloqueo que le impide escribir y, además, su matrimonio se va al garete. Sus amigas, Carmen, Lola y Nerea, tienen sus propios problemas, pero Valeria, digamos, ocupa bastante espacio y demanda mucha atención. Es inevitable ver las similitudes con Sex and the city: Valeria es una Carrie total, y Lola, nuestra Samantha. Carmen sería Charlotte y Nerea, Miranda, aunque estos dos personajes se intercambian algunos rasgos de las estadounidenses.
Con su matrimonio roto y sin ser capaz de escribir, Valeria se refugia en los brazos del guapísimo Víctor, que, aunque es un tipo genial, tiene problemas con el compromiso, así que tiene danzando por un carrusel de emociones a Valeria. En las cuatro temporadas está presente Víctor, en algunas como amante, en otras como examante.. pero siempre está ahí. Es uno de los mejores amigos de Lola, y la más alocada de las amigas tendrá que hacer malabarismos para evitar que los líos entre sus dos amistades colisionen contra ella. La evolución de Lola en la serie es la esperada: empieza como la juerguista y folladora feliz y sin compromisos pero, en la última temporada, se da cuenta de que se está enamorando de un chico más joven que ella (¡hola, Samantha!). Sin embargo, a Lola los guionistas le dan un final amoroso feliz, tras muchas paranoias debido a la diferencia de edad.
Carmen, que es ambiciosa en su trabajo y se siente culpable por ello, tiene una relación durante casi toda la serie con Borja, un compañero de trabajo. El análisis de la culpa femenina no es profundo, pero al menos aparece: en la temporada final, Carmen y Borja tienen un bebé y la sensación de culpa amenaza con aplastarla. Borja, que es ese hombre moderno con el que todas soñamos de jóvenes, salva siempre la papeleta. Y Nerea, tras danzar de una mujer a otra, acaba en una relación a su medida con la fotógrafa de su agencia, después de unas cuantas vueltas.
¿Y qué pasa con Valeria? Pues que, tras conocer a Bruno, un escritor que parece el hombre perfecto, decide olvidar para siempre a Víctor y se lanza a fondo con su nueva relación. Pero Bruno no es el hombre perfecto, aunque lo parece, y Valeria tendrá que salir corriendo otra vez si no quiere dejar de ser ella misma. La sorpresa no sorpresa es que, por supuesto, Víctor, que nunca hemos dudado que la quiere, aunque le aterre el compromiso, por fin decide dejarse de memeces y dar una oportunidad a esa relación. ¡Aleluya, Maxi Iglesias!
¿Es buena Valeria? No lo sé, pero desde luego no es una mala serie. Es un producto muy definido, uno de esos placeres culpables que no puedes evitar ver, y que, por momentos, representa muy bien la vida de las mujeres que están entrando en la treintena y la carga mental que nos autoimponemos. Yo me lo pasé muy bien viéndola, y como en este mundo machista se tiende a infravalorar esos productos considerados «de mujeres» (no son series de mujeres, son series de amor, punto), se juzga a este género de manera injusta. Creo que es necesario reivindicar que nos lo pasamos bien con una serie como Valeria y no pasa NADA, aunque nuestra favorita sean Los Soprano.
