«The Madison» (2026).

«The Madison» (2026).

Temporadas: 1.

Finalizada: no.

Información.

Filmaffinity.

Tipo: Western pijo, drama, culebrón, romance.

Dónde verla: Movistar +, Skyshowtime.


Vale, puedo comprar que este culebrón es entretenido, pero de ahí a considerarla una serie excepcional (como he leído a varios críticos) va un trecho muy largo. Sheridan, el creador del universo Yellowstone, es un fuera de serie del mundillo (no puedo negarlo, aunque yo lo deteste: no soporto su tufillo a machirulo y su nulo respeto por la vida animal), pero sus series son culebrones, básicamente. Lujosos, maximalistas, con personajes llenos de fuerza. Lo que quieras, pero son culebrones modernos y no hay nada de lo que avergonzarse en ello: Yellowstone me parece una serie magnífica, y también sus precuelas (y hasta una de sus secuelas). Pero esto es otra cosa, The Madison es otra cosa; es, simplemente, llevar a Montana el argumento más trillado del género romántico americano, ese que lo peta con Virgin River, por ejemplo: el de la mujer de ciudad que sufre un terrible drama y se va al rural buscando un nuevo comienzo y conoce al hombre perfecto (hombres que nadie ha conocido en la vida real, por eso, intuyo, este género lo peta entre las mujeres: nos da esperanza, aunque sea absurda, porque nos han educado creyendo en el amor romántico, algo que NO NOS CONVIENE CREER). Estoy segura de que si este género no se considerase básicamente «femenino» no estaría lo denostado que está, pero como solemos ser mujeres las que vemos estas series o películas han pasado a considerarse de segunda categoría. Y sí, hay mucha basura, pero también muchos productos de calidad. Por eso, aunque The Madison no me ha parecido la bomba (si no la protagonizase Michele Pfeiffer creo que habría pasado muy desapercibida) tampoco puedo decir que sea una mierda, porque no lo es. Es, simplemente, una nueva vuelta de tuerca al dramón de la mujer desesperada que halla la vida real en el rural. En Madison es la hija mayor de Stacy, Abigail, la que va a encontrar al vaquero de su vida: un policía del condado que, por supuesto, está buenísimo y es perfecto. Estas memeces de Sheridan que ponen por las nubes a los habitantes del rural americano, como si fuesen perfectos, frente a los chungos de ciudad, pueden tener su gracia en ciertas situaciones, pero no hay quien se las crea. Los hombres como este poli, Van Davis, no existen en la vida real, porque tampoco existen las mujeres perfectas. Y esta es una de las cosas que, aunque me gusten las series de Sheridan en líneas generales, me exasperan mucho: es un machista de mierda. No es misógino, porque es evidente que no odia a las mujeres, para las que escribe papeles increíbles, pero es un machista que sigue creyendo en los roles de macho alfa.

Volviendo a esta serie, lo que vemos es cómo una familia pijísima de New York recala en un lugar excepcionalmente hermoso de Montana al que el padre de familia, que acaba de morir en un accidente de avioneta con su hermano, se escapaba siempre que podía. Su mujer, Stacy, nunca quería acompañarlo, y por esos sus dos hijas crecieron casi ajenas a esa propiedad familiar que es un mundo totalmente diferente al suyo. Cuando su padre y su hermano mueren, toda la familia tendrá que viajar a ese «humilde» rancho y quedarse unas semanas que, por supuesto, van a cambiar su vida. Stacy encontrará un diario de su marido en el que ha ido escribiendo durante años cosas para ella. Abby, la hija mayor, llega a Montana con sus dos hijas y conoce a un poli que parece sacado de una novela, pero en la primera temporada ella decide volver a la ciudad y él, viudo y tan perfecto, no quiere una relación así, así que lo dejan. La hija menor, Paige, está casada con Russell McIntosh (un fantástico Patrick J. Adams al que amo como actor desde Suits), un tipo básicamente decente pero muy dominado por los terribles cambios de humor de su mujer. Paige es insoportable, francamente.

Los primeros días de la familia en ese paraje de Montana son terribles: lo peor es que el baño es una letrina, algo totalmente absurdo y que se nota que ha sido metido con calzador en el guion para darle más dramatismo. Tienen electricidad y ducha en casa, pero el baño es una caseta de madera fuera. Vale.

Poco a poco todas van a empezar a sentirse más cómodas allí, aunque cuando Stacy le dice a Abby que quiere quedarse a vivir allí su hija casi implosiona. Son dos hijas bastante inútiles: viven a todo tren gracias al dinero de sus padres, y en los constantes flashbacks que se nos muestran de Stacy con su marido vemos que era él quien no era capaz de cortar el grifo. Como la serie está renovada para la segunda y tercera temporada, me imagino que veremos cómo a Stacy le tiembla menos la mano a la hora de obligar a sus hijas a hacerse responsables de sus vidas. Por lo pronto, el final de la temporada 1 nos deja a la matriarca en Montana, durmiendo en el suelo tras escaparse del velatorio de su marido en su casa de Manhattan.

Entretenimiento ligero, con unos paisajes que te dejan sin aliento y buenas interpretaciones. ¡A veces no hace falta nada más!

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