Temporadas: 4.
Terminada: sí.
Tipo: Espías, acción, thriller.
Dónde verla: Netflix.
Que Phoebe Waller-Bridge (Fleabag) esté detrás de una serie significa que me va a flipar: amo todo lo que hace esta mujer. YKilling Eve no defrauda: su primera temporada es excepcional. Después, Waller-Bridge dejó el guion en manos de Emerald Fennel, y la segunda temporada hace una transición perfecta: si no lo supiésemos, quizá ni hubiésemos sospechado que Phoebe ya no estaba escribiendo las tramas. Pero en la tercera y cuarta temporada sí: ya no están ni Phoebe ni Emerald y se nota, pierden casi toda la frescura y la finísima ironía que caracteriza a la creadora de Fleabag y la más cáustica pero igual de efectiva de Ferrel. Aun así, aunque no entre en Mi Olimpo sobre todo por la temporada final, Killing Eve es una serie que adoro.
La premisa de la serie atrae desde el principio: la poli y la asesina son mujeres, algo inusual, y la mala es una psicópata de manual, algo también infrecuente en este tipo de tramas. Jodie Comer borda el papel de la asesina, Villanelle, y Sandra Oh le da una excelente réplica como la agente del MI6 Eve Polastri. Pero la reina de la función es Comer, no cabe duda. Incluso en la disparatada temporada final, sí.
La primera temporada nos presenta a estas dos mujeres: la asesina loca por la moda y sin ningún tipo de sentimientos y la oficinista del MI6 que se muere por algo de acción. Eve, tras enfrentarse a su insufrible jefe con Bill, su compañero y amigo, es despedida (y también Bill), pero rescatados para una misión secreta por una de las jefazas del MI6, Carolyn Martens, fantásticamente interpretada por Fiona Shaw. Eve va a tener su propio equipo, así que se lleva a Bill y a otra compañera de su antigua oficina, y empezarán a trabajar en un cuchitril con Kenny Stowton, un experto informático que, aunque tardarán un poco en descubrirlo, es hijo de Carolyn. La misión de este equipo es capturar a la despiadada asesina Villanelle, pero lo que vamos a ver es el comienzo de una enfermiza relación entre Eve y Oksana, el verdadero nombre de la desquiciada Villanelle. Este es el eje de la trama, porque estas dos mujeres nos hipnotizan con sus tomas y dacas, sus persecuciones y esquinazos y con esa obsesión que tienen la una por la otra.
En la primera temporada vamos a descubrir las bases de la trama de la serie: los 12, el misterioso grupo para el que trabaja Oksana, que tiene una agenda que amenaza con provocar el caos mundial. Para ello, encargan a su asesina que mate a personalidades relevantes, aparentemente sin conexión. La caza de Villanelle va a llevar a Eve y a Carolyn hasta Rusia, donde descubrimos con estupefacción que Konstantin Vasiliev, el jefe de Villanelle (por cierto, la risa del personaje me encanta, es supercontagiosa) es uno de los contactos de Carolyn. El doble juego del espía nos queda claro a los espectadores, pero no a ellas, aunque la intuición de Eve no la va a engañar, una vez más.
El final de temporada es brutal: las dos se encuentran en el apartamento de Villanelle en París y, tras confesarle que está obsesionada con ella, Eve la apuñala. La asesina escapa, pero Eve no sabe si ha sobrevivido. Y así nos quedamos hasta el primer capítulo de la segunda temporada, donde nos reencontramos con Oksana, que logra llegar a un hospital, curarse y después salvarse. Pero antes no duda en asesinar a su compañero de habitación, un crío cuyo rostro ha quedado destrozado durante un accidente de coche en el que además han muerto sus padres: puede parecer su manera de ser compasiva, pero no lo es, es más bien la proyección de cómo se sentiría ella teniendo que vivir así. No lo soportaría.
Nuestra querida asesina vuelve a Londres para recuperar su trabajo como asesina a sueldo para los 12. Y para seguir acosando a Eve, claro: en su retorcida mente, Oksana asume que Eve la ha apuñalado porque la ama. En esta temporada, el matrimonio de Eve se va a pique, como era de esperar: Eve es una esposa terrible, y su adorable marido polaco Niko, pese a intentar salvar su amor de todas las maneras posibles, finalmente tendrá que rendirse. Lo tóxica que es Eve nos queda bastante claro cuando se planta en la casa de la profesora que está enamorada de Niko y que lo acoge temporalmente tras su ruptura. Sabemos que Niko es demasiado noble para engañar a Eve, pero ella se planta allí, se comporta como una chiquilla y, para rematarla, le espeta a la chavala: «Espero que te guste el misionero». ¿En serio, Eve? Lo que mola de esta escena, donde se vuelve loca y rompe algunas cosas de la pobre chica, es el paralelismo que intenta negar pero que es evidente con Oksana: somos lo mismo, le dice la rusa una y otra vez. Y sí, son lo mismo, porque solo siendo iguales podrían soportar ese sucio juego de gato y ratón en el que se intercambian los personajes sin problema.
En estas temporada, Eve utiliza a Villanelle para acercarse a Aaron Peel, el heredero de una inmensa fortuna tras la muerte de su padre (Eve sospecha que se lo cargó él, y está al frente de la investigación) y ahora el jefazo de la empresa tecnológica de la familia. Tiene un programa informático capaz de arruinar a cualquier persona en un par de clics, así que la Inteligencia inglesa está muy interesada en resolver el crimen. Carolyn y Eve contratan a Oksana para que se infiltre en la mansión de Peel: es complicado, es un misántropo que solo se relaciona con su hermana. Así que Villanelle se mete en las reuniones de Alcohólicos Anónimos de la pobre hermana para llegar hasta el objetivo. Una de las mejores escenas de la serie nos la regala, cómo no, esa Oksana que se desnuda psicológicamente en la segunda reunión de AA, mientras Eve escucha al otro lado del micro. No escarmentamos: la escuchamos, sentimos lástima por ella, creemos que hay algo de humanidad en esa cabecita loca… y solo salir de la reunión empuja bajo un autobús a la mujer que vigila como un halcón a la hermana de Aaron: la consuela y así logra acceder a la vida de los dos extraños hermanos. Tremenda Oksana.
Una vez infiltrada, por supuesto descubre a toda velocidad que Aaron asesinó a su padre, pero la asesina averigua además que Peel es también un psicópata, que mata a mujeres mientras graba el crimen. Desde aquí toda la acción se acelera hasta el increíble capítulo final: Villanelle mata a Aaron, ante la estupefacción de Eve (¿en serio no se lo esperaba?, ainsss, pobre mujer enamorada, jajaja: se le ha escapado que Carolyn lo quiere muerto), y, en su huida, son atacadas por agentes de los 12, que querían comprar el programa de Peel y están que arden. Raymond, el chunguísimo nuevo jefe de Oksana en los 12 al comienzo de temporada, llega para matarlas, pero… al final lo mata a él Eve. Con un hacha. Vale, fue para salvar la vida de Villanelle, pero el juego de la asesina es tremendo: tiene una pistola, pero obliga a Eve a matarlo porque cree que así descubrirá que es como ella y podrán huir juntas. El final, en esas ruinas romanas tan acordes con la escena, es casi poético: las miradas de estas dos mujeres hablan sin palabras. Eve va a escaparse con Oksana, pero, cuando la excitación baja, se da cuenta de que no es lo que quiere. O de que sí es lo que quiere, pero no puede, porque no quiere ser esa persona. Y Oksana se da cuenta al momento de ese cambio, y en su cara se refleja la decepción, que se convierte rápidamente en rabia. Así que dispara a Eve.
Y así empezamos la tercera temporada, seis meses después, con Eve recuperada del balazo, viviendo en un cuchitril, con su matrimonio roto y trabajando en un restaurante. Villanelle, por su parte, intenta volver a los 12, así que se casa con una mujer, muy bien conectada, en España, pero pronto se aburre de tanta felicidad. Eve, que intenta mantener un perfil bajo, pronto tendrá que salir de su agujero: Kenny muere. De hecho, ella acaba de reunirse con él cuando sucede: lo ve caer desde la azotea del edificio donde trabaja. Y la muerte de Kenny va a romper en pedazos a Eve y a Carolyn, su madre. En esta temporada aparecen nuevos personajes, demasiados para mi gusto, y se diluye totalmente el espíritu de las dos primeras temporadas, ese juego enfermizo entre Eve y Carolyn, enredado en demasiadas tramas diferentes. Tenemos la de la madre de Villanelle: la asesina le pide a Konstantin que investigue si su familia sigue viva (a ella, en el orfanato en el que se crió tras abandonarla allí su madre, le dijeron que todos murieron en un accidente de coche). Así que, cuando descubre que su madre vive, se va a Rusia a verla. Esta parte de la historia es demasiado surrealista: la madre se ha vuelto a casar y vive con su nuevo marido y su hijo, con el hermano de Oksana y un pequeño hermanastro que está loco por Elton John e intenta ahorrar para ir a verlo en concierto. Durante unos días, Oksana juega a las casitas con su familia, va a una fiesta de la cosecha y se lo pasa en grande pero… tras perder el concurso de tartas, el pequeño de la familia se queda desolado y la madre va, parece, a consolarlo. Pero no: como luego le cuenta el crío a su hermanastra, fue a decirle que era una decepción para toda su familia. Oksana se da cuenta de que su madre no ha cambiado, que es, como ella, una psicópata sin sentimientos. Y la lía, claro: se carga a toda su familia menos a su hermano, que es realmente adorable, y al pequeño fan de Elton John, al que deja dinero para que pueda ir a un concierto.
La trama de la muerte de Kenny tampoco tiene demasiado sentido: Eve y Carolyn creen que no se ha suicidado, pero hasta el final de la temporada no aparece la grabación que muestra a Konstantin en la azotea. Él le asegura que no lo mató, que Kenny se asustó y se cayó, pero… ¿quién se va a creer nada a estas alturas de esta peña? En esa escena donde le cuenta lo que ha pasado, Carolyn tiene el control: apunta con la pistola a Konstantin y al supuesto jefe de los 12 mientras Eve y Oksana observan todo desde otro sofá. Surrealista. Porque sí, nuestras chicas se unen bastante esta temporada: Dasha, la mujer que formó a Villanelle, vive en España y decide recuperar a su mejor alumna, a la que ve perdida, y darle la oportunidad de medrar en los 12. Le presenta a la misteriosa mujer que mueve todos lo hilos, Helene, y Oksana está exultante pensando que va a ascender y podrá dar órdenes hasta a Konstantine. Lo que no sabe es que sigue siendo un títere: la misteriosa Helene ordena a Dasha que enfrente a Oksana y a Eve, para que la asesina esté centrada. Y a Dasha se le ocurre irse a Polonia a buscar al marido de Eve (que está felicísimo allí trabajando de repartidor de pan, ¿qué necesidad había de joderle la vida otra vez?), enviarle mensajes desde su móvil para que ella crea que la va a perdonar y vaya a verlo y, cuando llega, atacarlo con una horca y dejarlo semimuerto. Se va a recuperar, sí, pero nunca más querrá saber nada de su exmujer. ¡Como no le había llegado el numerito de Oksana en la segunda temporada, cuando los secuestra a él y a la profesora que lo ama! Tras hacerle confesar que quiere a Eve y no a la pobre chica, ¡se la carga! Sabe que si mata a Niko Eve nunca la perdonará, pero sabe también que si mata a la profesora será Niko quien jamás perdone a Eve. Sinceramente, se han ensañado demasiado con el pobre Niko.
El antiguo jefe de Villanelle, Konstantine, tiene sus propios problemas: ha robado 6 millones a los 12 para escaparse con su hija Irina (la insoportable adolescente a la que Oksana secuestra en la temporada 2) y trata de cubrir sus huellas. Pero Villanelle lo descubre y le exige que la lleve con ellos. Otra vuelta de tuerca absurda de la trama es cuando la hija de Konstantine, que está con su madre y su novio mientras él resuelve todo para fugarse, se va a dar una vuelta con Oksana, se queja de la felicidad de la pareja y la asesina le dice entre risas: pues mátalo. Y va y lo hace, atropellándolo con el coche mientras se escaralla de risa. ¿En serio? Irina es ingresada en un centro psiquiátrico ante el enfado de Konstantin, que ve cómo su plan de escapar se va al traste, pero vuelve a Londres a recuperar el dinero para después sacar a su hija de allí y marcharse con ella a Cuba. Aquí es donde es interceptado, pero antes va a tener un infarto y casi la palma. Así que acaba en el sofá hecho un despojo, y apuntado por Carolyn. Pero, en vez de matar a quien ha causado la muerte de su hijo, fuese a propósito o no, dispara a Paul, el tipo de los 12, que tampoco tiene demasiado sentido en la trama de esta temporada. Otra línea argumental absurda: la aparición de la hija de Carolyn tras la muerte de su hermano. ¿Qué aporta esta muchacha a la serie? Ni idea, como no sea demostrarnos una vez más lo chungo que es Konstantin, que intenta seducirla para espiar a su madre que, no lo olvidemos, fue su amante. Puagh.
Al final, esta vez, ni Oksana ni Eve se van a intentar matar: se despiden en un puente, caminando cada una hacia un destino, aunque al final se dan la vuelta y se miran. Acaban de bailar juntas hace unas horas, en una sala de baile donde hablan casi por primera vez sin caretas. Las dos son conscientes de que se necesitan pero que es complicado que puedan estar juntas. Así nos dejan abierta la puerta a la última temporada, en la que empezamos con Oksana en una iglesia: sí, señoras y señores, nos la han metido en una iglesia donde intenta redimirse a través de la fe. ¿EN SERIO? Eve ha dejado todo atrás, trabaja en seguridad privada con un compañero cachas al que se tira y está decidida a olvidar a Oksana y al MI6. Pero Oksana está haciendo todo por Eve, para demostrarle que puede cambiar. Es hasta entrañable cuando la hija del cura que la adoctrina intenta besarla y casi se la carga ahogándola en la pila bautismal: da marcha atrás y se siente tan feliz de no haberla matado que es hasta adorable. Lo que es acojonante es que nos metan a una doble suya imaginaria disfrazada de Cristo para aparecérsele y darle conversación… Por supuesto, todo este idílico rollo religioso va a saltar por los aires: cuando descubre que el cura fue el culpable de la muerte de su mujer, decide cargárselo, y de paso a la hija, que no tenía nada que ver en la historia. Ay, Oksana…
La última temporada sigue en esta absurda y disparatada línea, cargándose una historia de amor aberrante, sí, pero ERA NUESTRA HISTORIA DE AMOR ABERRANTE. ¿Qué cojones nos importan los 12? ¡Nada! Pues nos tragamos toda la temporada las estratagemas de Carolyn e Eve para encontrarlos, las de Konstantin para escaparse de ellos y las de Helene para seguir encontrando asesinas de élite. Su última acólita, Pam, será quien se cargue finalmente a Konstantin, algo que no tiene ningún sentido. Helene, por su parte, muere a manos de Oksana: ¡cómo iba a seguir viva tras escucharla confesar que ha besado a SU Eve!
Desquiciadísima, Oksana se va, por consejo de Konstantin, a una recóndita isla irlandesa donde vive otra asesina de élite, una mujer salvaje con la que cree que podrá quedarse un tiempo y olvidar a Eve. Pero la salvaje asesina no quiere que se cargue a los 12, porque ellos pagan su isla privada, así que se vuelve a liar y justo entonces aparece Eve, que ha ido a buscar a Oksana para que la acompañe a matar a los 12: tiene el teléfono de Helene y ha recibido una invitación para la siguiente reunión del malvado grupo. Y es entonces, POR FIN, cuando huyen juntas de la isla y son ayudadas por una empalagosa parejita a la que roban su autocaravana, cuando se besan, cuando se dejan llevar y escogen amarse, pese a todo. Lo único salvable de este disparate de temporada.
La verdad es que es todo un sinsentido: viajamos al pasado, a los años en los que se formaron los 12, y vemos a Carolyn, allí de jefaza. Durante todos los capítulos finales nunca queda claro si, como dice, estaba infiltrada porque eran un grupo anarquista o si, como sospechamos, ella fue una de las fundadoras. El caso es que Eve y Oksana se van a matar a los 12, en otra escena absurda con Eve oficiando una boda mientras su amada se carga a toda la banda. Llevan cuatro temporadas dándonos la turra con los 12 y ni siquiera tienen cara al morir. ¿No podía haber una vuelta de tuerca guay y que alguno o alguna fuese alguien inesperado? Pues no. Y para rematar el dislate, cuando se creen libres para vivir su amor… les disparan en la cubierta del barco desde tierra, Oksana arrastra a Eve al agua para salvarla y la vemos morir, sumergida. Vale, todas sabíamos que tenía que morir, pero lo que no tiene sentido es que Eve se salve. Tenían que haber muerto las dos, y desde luego de una manera más poética, no con ese churro de final que cede todo el protagonismo a Carolyn, que es quien ordena su muerte. Me parece una traición a los dos personajes ese final de mierda: está a la altura del de Dexter y creo que hasta supera el de Lost y el de Juego de Tronos.
Y así, señoras y señores, destrozaron una serie que podía haber sido perfecta: en una temporada aberrante.
