Temporadas: 8.
Finalizada: sí.
Tipo: Fantasía, drama, comedia negra.
Dónde verla: Skyshowtime, HBO Max y Movistar.
Precuela: Dexter: Original sin.
Secuela: Dexter: New Blood / Dexter: Resurrection.
Todos, hasta sus propios creadores, sabemos que Dexter tenía que haber acabado en su cuarta temporada, cuando, tras matar al tenebroso Trinity, vuelve a casa y se encuentra la terrible escena que tanto recuerda a su propio pasado. Pero decidieron que era mejor estirar el chicle, y la que podía haber sido una gran serie terminó siendo solo una buena serie. Sin embargo, yo le tengo mucho cariño, y, aunque sabía que me iba a arrepentir, tras verla entera (dos veces) me arriesgué con Dexter: New Blood y Dexter: Original sin. Lo sé: soy masoquista. La precuela no pasa de un aprobado, pero reconozco que la secuela me resultó tan entretenida como Dexter. Creo que el error es pretender que algo es más de lo que es: si aceptas que es una serie entretenida, sin más, te lo pasarás bien viéndola (una vez superado el golpe de estar viendo una maravilla hasta la cuarta temporada y asumir que después es lo que es).
En la serie original conocemos a Dexter, un forense especializado en salpicaduras de sangre que trabaja en la Policía de Miami. Es un tipo que parece afable sin pasarse de simpático, demasiado educado a veces, pero, en general, anodino, de esos que no llaman demasiado la atención. Tiene una novia increíble, Rita, que tiene dos hijos pequeños, y su vida parece maravillosa. Por desgracia, Dex es un psicópata, y lo sabemos desde el primer minuto, porque en la serie es su voz en off la que tira del hilo. Dexter, tras un terrible hecho de su pasado, es adoptado por la familia Morgan, y el padre, Harry, un buen policía, cuando descubre lo que el trauma ha hecho con la mente de su hijo decide encauzarlo: sabe que no podrá evitar matar, así que crea un código que obliga a Dexter a buscar a sus víctimas entre los asesinos que se cuelan por las rendijas de la Justicia, y siempre tras poder probar que fueron los autores de los delitos de los que fueron exonerados. Así, además de saciar la sed de sangre de su hijo, aprovecha para cerrar un poco las (grandes) aberturas del sistema judicial.
Morgan tiene una hermana, Debra, su única relación real tras la muerte de sus dos padres: no es del todo real, ya que Debra no sabe quién es en realidad su hermano, pero, como escuchamos tantas veces en los diálogos mentales de Dexter, ella es para él una relación de verdad. Él no siente amor como el resto, pero sí tiene algunos sentimientos, y Rita y Debra se los llevan (casi) todos. En la serie también tienen mucho peso el detective Batista, la teniente Laguerta y, en las dos primeras temporadas, el sargento James Doakes, el único que parece ver más allá de la careta de Dexter, poniéndolo en no pocos aprietos. Tantos, de hecho, que Dex hará algo desesperado para alejar las sospechas…
Junto a los protagonistas tenemos a los terribles antagonistas: asesinos despiadados, sociópatas… Todo es poco para Dexter, que sacia sus instintos asesinando con su propio ritual (adaptado por Harry para que nunca deje rastro) a todos los canallas que se encuentra. Este es el quid de la serie: ¿cuestionamos lo que hace Dexter? A todos nos encanta creer que tenemos una rígida brújula moral, pero si algo logró esta serie es mover un poco nuestro norte, porque, aunque sabemos que está mal que alguien se tome la justicia por su mano, no podemos evitar que nos guste Dex, y que queramos que no lo pillen. Sabemos que todo va a acabar mal, no queda otra, pero nos resistimos a creerlo.
Evidentemente, va a acabar mal, de hecho con uno de los finales más chungos que se recuerda en una serie de televisión. Dexter: New blood fue un intento de lavar un poco ese horrible desenlace, y, aunque no es ni de lejos parecida a las cuatro primeras temporadas de Dexter, es correcta y, al menos, nos reconcilia con el personaje, ya que no con el infumable final de la serie matriz.
