«Person of interest» (2011-2016).

«Person of interest» (2011-2016).

Temporadas: 5.

Finalizada: sí.

Información.

Filmaffinity.

Tipo: Intriga, policiaca, thriller.

Dónde verla: Prime, Netflix.


La vi capítulo a capítulo hace más de una década y volver a verla fue un placer indescriptible. En 2011, el hermano de Christopher Nolan, Jonathan, ya era uno de los grandes nombres del cine estadounidense: la película Memento se basa en uno de sus relatos cortos y ya había coescrito con su hermano The prestige, pero fue su participación en los guiones de la trilogía de Batman la que lo consagró definitivamente. Su compañero inicial en la escritura de los guiones de esta serie, J. J. Abrams, es otra leyenda: entre otras cosas, creó la serie Lost y dirigió los episodios VII y IX de Star Wars. Con estos dos genios detrás, Person of interest lo tenía todo para ser una gran serie, y lo es. La primera temporada es una obra maestra del género, y sus dos protagonistas, Jim Caviezel (John Reese) y Michael Emerson (Mr Finch), están en estado de gracia. Para quienes empezaron a consumir productos de Netflix en la última década, un aviso: esta es una serie inteligente, hay que estar atento y no estar viendo el móvil a la vez.

La serie parte de una premisa distópica pero no tan distópica, un sistema de vigilancia, The Machine, creado por Finch hace unos años para obtener y analizar los datos obtenidos de cámaras de vigilancia, comunicaciones electrónicas, sistemas de audio, etc. Es un control total de los ciudadanos, y con esos datos la Máquina puede predecir actos violentos. Al Gobierno de USA solo le interesan las amenazas terroristas, así que, como la Máquina también anuncia crímenes violentos de ciudadanos «normales», deciden clasificarlos como irrelevantes y ordenan que esa lista se elimine a diario. Finch, como vamos descubriendo en flashbacks, era el cerebro, y su socio, que ha muerto, la cara de la empresa. No sabemos qué sucedió, iremos descubriéndolo poco a poco: lo que sí sabemos es que, en algún momento, Finch decidió no borrar esa lista de irrelevantes y decidió intentar salvar a todas las personas que pudiese. Finch está cojo y es consciente de que necesita músculo para su misión, así que recluta a Reese. Finch es billonario y Reese, cuando lo conocemos, vive en la calle como un mendigo. También iremos descubriendo quién es este exBoinaVerde y exagente de la CIA. Cada capítulo, la Máquina arroja un número, un caso «irrelevante», y Finch y John deben descubrir si la persona es víctima o perpetradora y evitar un crimen. Cuentan con la ayuda de dos polis, y en la primera temporada veremos cómo se teje esa alianza. Una es la detective Carter (Taraji P. Henson), honesta, decidida y brava. En los primeros capítulos intenta cazar al misterioso hombre del traje que citan los testigos en gran parte de los casos que investiga, pero a medida que avanza la temporada, y tras ser traicionada por un exjefe de John en la CIA, se pasa a su bando: también descubriremos con el tiempo por qué ese tipo de la CIA quiere matar a Reese. El otro aliado en la policía es Lionel Fusco, al que conocemos siendo un poli corrupto, reclutado a la fuerza por Reese, pero que se irá redimiendo a medida que avanza la trama.

Las historias son lo suficientemente inteligentes y están bien trazadas, así que el interés se mantiene capítulo a capítulo, al menos en las primeras temporadas, especialmente en la primera, que es sobresaliente. Reese es adusto pero tiene un sentido del humor cáustico; Finch carece de sentido del humor pero tiene un cerebro privilegiado. Esta contraposición funciona, y muy bien. La relación que se teje entre ambos es una de las claves de la serie, de hecho, porque cuando se conocen son dos hombres que están solos, sin amigos ni relaciones, y, por disfuncional que sea, la que crean entre ellos será muy relevante para ambos.

Los casos que resuelven son variopintos: desde una fiscal que parece increíble y resulta ser la cabecilla de una trama mafiosa hasta un adolescente que pierde a su hermano por culpa de unos pandilleros y decide vengarse, aunque John logrará impedirlo y cambiar su vida. Cada capítulo vemos cómo ayudar a esas personas se convierte en algo importantísimo para los dos: su pasado es muy oscuro, y esta nueva vida les ayuda no a redimirse, pero sí a sentirse menos culpables por todo lo que han hecho. De John sabemos desde el principio que ha asesinado sin contemplaciones (de hecho vamos a ver cómo lo recluta y forma la CIA en la primera temporada) y que amaba a una mujer, mucho, pero ella murió. El pasado de Finch es más críptico: sabemos que creo la Máquina, que su socio murió dejando un hijo huérfano, al que Finch adora pero mantiene en la oscuridad sobre lo que hacía con su padre en el pasado. Ah, y no olvidemos a Bear, el perro que Reese rescata en uno de los casos y que será ya para siempre parte del equipo.

La trama lineal de la primera temporada (aunque será relevante toda la serie) se centra en Elias, un mafioso atípico que intenta dar un golpe de estado y hacerse con el control de la mafia italiana. Elías aparece como una de las personas que la Máquina selecciona y, aunque al principio Reese cree que lo está salvando, tomándolo por un inocente profesor, al final se dará cuenta de quién es realmente ese hombre: un auténtico sociópata. Su padre es uno de los jefes de una de las familias mafiosas, pero, tras asesinar a su madre, trató de matarlo a él. Ha ido fraguando su terrible venganza durante años, y no va a consentir que nadie lo detenga. Elías terminará en la cárcel, pero seguirá siendo un personaje relevante: en la segunda temporada ayudará a Finch en uno de los casos y, a cambio, solo le pide que vaya a jugar con él al ajedrez.

La primera parte de la segunda temporada me resultó más aburrida que la primera porque se centra mucho en la persecución del FBI, por un lado, y la CIA, por otro, para cazar a John. Carter se ve atrapada en medio de la caza, ayudando aparentemente al agente del FBI obsesionado con el hombre del traje (spoiler: por suerte para John, terminará muerto) pero, en realidad, informando a Finch y Reese para salvarlos. Fusco, que está trabajando de nuevo con HR, el clan mafioso de la policía, pero ahora como infiltrado de Reese, intenta ser mejor poli y sabemos que lo va a conseguir. Reese no quiere que él y Carter sepan que el otro está ayudándoles, pero terminarán descubriéndolo durante uno de los casos de la Máquina. Desde ese momento, ayudar a la extraña pareja será más sencillo.

La trama de la CIA, liderada por la excompañera de Reese, que él cree muerta, es un poco rollazo, porque da demasiadas vueltas y me molan más los capítulos centrados en los casos de la Máquina. En un momento dado, Reese termina en la cárcel como sospechoso de ser el hombre del traje, aunque Carter manipulará la muestra de ADN para exonerarlo: es cuando la pilla el agente del FBI y, cuando conduce para entregarlos a los dos, un coche los embiste y termina muerto… y John desaparecido, secuestrado por su excompañera. Pero, por suerte, estas series de la era preplataformas tenían temporadas larguísimas, y la segunda parte de esta segunda es estupenda: aparece Shaw, un personaje que me chifla, y la trama sobre la Máquina se complica, devolviéndonos nuestra serie adictiva.

Pasarán muchísimas más cosas, claro, no en vano son más de 20 capítulos. Una de las más importantes para el desarrollo de la serie es que Root secuestra a Finch, pero, como veremos, no para causarle mal: Root tiene una extraña relación con la Máquina, con la que está obsesionada, y secuestra a su creador porque está convencida de que la IA los necesita para salvarse. Hay un virus, creado por la organización Décima, que terminará infectando a la Máquina, de hecho. También vamos a conocer en esta temporada mucho del pasado de Finch y su socio, ya muerto, Ingram, así como su relación con la mujer que era el enlace de los dos socios con el Gobierno para entregarles la Máquina. Lo mejor de este final de temporada es que da un giro total a la serie: si la primera temporada estaba centrada en los números de irrelevantes que arroja la Máquina y el trabajo para salvarlos de Reese y Finch, con la ayuda de Fusco y Carter, ahora el eje de la trama es ese cambio de la IA y la aparición de varios grupos y personajes que quieren controlarla. Así, tras el virus, la Máquina va a evolucionar… e independizarse. Cerramos la temporada con Reese encontrando a Finch y Root encerrada por Harold Finch en un psiquiátrico. Allí la dejamos, traumatizada… y allí la encontramos al comienzo de la tercera temporada, tratada por un psiquiatra con el que establece, digamos, una buena relación. Buena para ser Root, claro.

La tercera temporada es para mí la mejor de la serie, y en la que se vuelve a romper todo lo que dábamos por hecho para dar un nuevo giro al guion que yo, al menos, no esperaba. Lo primero son los personajes: Root y Shaw son la caña, y un excelente contrapunto para Finch y Reese. Finch y Root establecen en esta temporada las bases de lo que será, finalmente, una amistad: distorsionada pero amistad. Shaw, que, como veremos en flashbacks, no tiene empatía desde que tiene recuerdos, por lo que es teóricamente una sociópata es, sin embargo, un personaje lleno de matices y de los que más crece desde que la conocemos. Cuando aparece en la segunda temporada trabaja para una rama del Gobierno que recibe la información de la Máquina: reciben números para prevenir ataques catastróficos (mientras a nuestros chicos les da los números irrelevantes, como sabemos). Shaw ve cómo asesinan a su compañero, la única persona que le gusta, y se vuelve contra sus jefes. Terminará conociendo a Reese y a Finch cuando su número aparece y deben salvarla, aunque ella es enormemente reacia a dejarse ayudar. También lo será a unirse a la extraña pareja, pero en esta segunda temporada es ya un miembro más del equipo, y, aunque pueda parecer muy similar a John, no lo es.

Respecto a la Máquina, que es un fantástico eufemismo para ponernos frente a la lucha entre las libertades civiles y la sobreprotección de los Estados, seguirá inmersa en una tremenda caza. Control, que es una chunga de narices, quiere hacerse con su poder, pero Root le lleva ventaja, porque tiene una manera especial de comunicarse con ella. Y entonces aparece Samaritan, un grupo gubernamental que planea construir otra superIA, al no lograr dominar a la Máquina.

El personaje de Carter, nuestra amada detective, va a morir, y esto va a dinamitar de nuevo toda la serie. Primero, porque entre ella y Reese había rollito, aunque solo al final se atreven a dar el paso, antes de que ella muera. Tremendo shock para las espectadoras. Segundo, porque ella es la única luz entre tanta mierda: quiere terminar con un grupo mafioso pero quiere hacerlo de manera legal, sin artimañas, y esta lección calará hondo en sus compañeros, especialmente en Fusco, que esta temporada es el personaje que más crece, alejándose de la oscuridad para convertirse en un buen policía y en un gran aliado para Reese y compañía.

Tras la muerte de Carter, Reese se derrumba e intenta dejar su trabajo con Finch. No lo logrará, evidentemente, porque nada es lo mismo sin John, pero este retrato psicológico del adusto exmilitar es enormemente valioso para los espectadores.

La tercera temporada tiene un final trepidante con los tejemanejes para arrancar Samaritan: Finch tiene que ocultarse para salvar la vida y los malvados buscan a su novia, Grace (a la que abandonó tras el atentado, camuflado de accidente en el ferry, que le costó la vida a su socio, y que lo obligó a a vivir en la clandestinidad, dejándola creer que él había muerto también) para obligarlo a salir. Al final, Samaritan arranca y todo parece perdido: nuestros héroes tendrán que buscar nuevas identidades para evitar ser asesinados. Samaritan, ahora convertida en Investigación y en manos de personas muy turbias del Gobierno, está decidida a encontrar a la Máquina y todos sus aliados para destruirlos, a instancias de su «humano» de referencia.

Encontramos a Shaw trabajando en el departamento de cosmética de unos grandes almacenes en el arranque de la cuarta temporada, desesperada con su tapadera. Reese ha salido mejor parado: es inspector de Narcóticos en la Policía. Finch, por supuesto, está camuflado como profesor y Root, tras ser secuestrada por Control en la temporada anterior (dejándola sorda en una escena terrible) es parte de la Máquina ya, y su mejor intérprete, así que se moverá con más libertad que sus compañeros.

Habíamos dejado a Finch decidido a salir del grupo en la temporada anterior cuando la Máquina les indica sutilmente que, para salvarla, deben asesinar a uno del otro bando sin el cual no podrán arrancar Samaritan. Esto es demasiado para nuestro recto genio, que decide hacerse a un lado. Sin embargo, la Máquina lo conoce muy bien y pronto lanzará un número que despierta su interés y, eventualmente, logrará hacerlo volver al grupo. Con su guarida descubierta y sus vidas en peligro, nuestro genio crea un mapa de sombras para que puedan moverse sin ser detectados y mueve el campamento base al subsuelo, a una estación de metro abandonado. Esta temporada es frenética, no dejan de pasar cosas: las luchas entre las dos máquinas de IA, los dioses, como dice Root, van a marcar todas las tramas. Pero, entre la cacería de Samaritan, nuestros chicos lograrán organizarse para seguir salvando vidas de los números irrelevantes que les pasa la Máquina.

Root está totalmente colada por Shaw, y, aunque nuestra pequeña sociópata parezca inmune a sus encantos, no lo es: en la segunda parte de la temporada hay un capítulo vertiginoso en el que vemos varios posibles finales, simulaciones hechas por la Máquina que les entrenan para sobrevivir. Vemos morir a todos en esas simulaciones, pero en la realidad es Shaw la que finalmente se sacrifica para salvarlos a todos y la vemos caer acribillada por el equipo de Samaritan. No va a morir, pero ellos lo ignoran, y Root se vuelve loca de dolor. Los demás intentan asumir que Shaw ha muerto, pero Root se niega a creerlo. De nuevo nos encontramos con un ajuste poderoso de uno de los personajes protagonistas.

Por si no nos llegaba con Samaritan, nuestro viejo conocido Elías, que ha ido apareciendo y desapareciendo durante todas las temporadas, se enzarza en una violenta guerra con otra organización criminal, La Hermandad, liderada por Dominic, otro cabronazo pero más cabronazo que Elías.

En esta temporada también vamos a ver cómo Reese se enamora un poquito de Iris, la psiquiatra a la que le obligan a ir en la Policía dada su gran afición a cargarse a gente. Pero lo más duro de toda esta temporada, tras la supuesta muerte de Shaw, es cuando Root recibe una llamada suya, confirma su fe en que estaba viva y se va a rescatarla: llega tarde, Shaw es trasladada justo cuando llega, pero al menos se carga a la agente de Samaritan más despiadada, a la que es imposible no odiar (qué distinto papel que el de la madre abnegada en Stranger Things, ¡por cierto!).

Uno de los mejores capítulos de la serie lo tenemos en esta temporada: Reese está a punto de morir, y en sus delirios aparece Carter. Por fin pueden decirse todo lo que nunca se atrevieron a decirse, y ella logra que él aguante hasta que llega la ayuda, salvando su vida.

El final de la temporada deja todo abierto, pero una cosa meridianamente clara: este equipo va a plantar cara. Están todos menos Carter: Shaw está viva, y Root ha recuperado sus ganas de vivir y luchar, y Finch, Reese y Fusco tampoco van a rendirse. Hay que terminar con Samaritan como sea.

Y de eso va la temporada final, de dos IA enfrentadas en una guerra de la que nadie es consciente, por cruenta que sea, y en la que la Máquina parece llevar las de perder. Tras un emotivo momento en la temporada anterior, en el que habla con Finch escribiendo en la pantalla, las cosas han ido de mal en peor y casi ha sido destruida, pero Finch logra almacenarla en un maletín (a prueba de todo, según Reese) y protegerla hasta poder reactivarla. Las escenas en las que él y Root lo intentan son francamente apasionantes. Shaw va a logar escapar y se reúne con su equipo: ¡ya están todos, listos para enfrentarse a Samaritan!

Las cosas no empiezan demasiado bien cuando reactivan la Máquina: se han perdido algunos archivos (el maletín no era tan seguro, jajaja (es que me reí mucho con esa escena entre Finch y Reese) y cuando la arrancan no los reconoce como sus aliados y los marca como objetivos. Era inevitable que Nolan y su compinche a estas alturas de la serie,  Greg Plageman, nos pusieran en algún momento frente al reinado de terror de la IA, y escogieron este.

Finch, quizá el más sensible de todos los antihéroes del grupo, logra recuperar a su querida Máquina anclándola a los casos resueltos, a todas esas personas irrelevantes que ellos han salvado. No deja de ser un deux machina, pero maravilloso.

La temporada final, mucho más corta que las otras, me parece redonda por la manera de cerrar todos los arcos argumentales. Por un lado tenemos la lucha de las dos IA, la inteligencia de Finch para crear el virus que infecte a Samaritan y ese sacrificio final, inevitable, para evitar que la pérfida inteligencia se salve enviando una copia de seguridad a un satélite. Finch sabe que para salvar al mundo debe morir, pues para evitar que Samaritan resucite un misil debe destrozar esa conexión, en esa terraza donde tiene que estar para activar el virus. Pero Harold olvida que Reese, como le ha dicho en tantas ocasiones, le debe tantas que se las pagará «todas juntas». En una maniobra de engaño, es John quien termina en la terraza, sacrificándose para salvar a Finch: no puedo negar que lloré, me pareció un final precioso, pese a la muerte. Y es precioso porque Finch puede reunirse con Grace, por fin, en Italia, y la serie lo despide dándole por fin la oportunidad de ser feliz. Es precioso porque la Máquina no ha muerto, y la vemos reactivarse y despedimos a Shaw (después de ir a recoger a Bear, por supuesto, y despedirse de Fusco) respondiendo una llamada en una cabina con una enorme sonrisa: nos queda claro que ella y la Máquina seguirán dando caña. Y es precioso también por convertir a Root en la voz y la imagen de la Máquina, humanizándola en este final maravilloso. Sí, quizá POI se extendió un poquito más de lo necesario -tras la magistral tercera temporada, creo que una más para finalizar hubiese sido suficiente- pero, pese a ello, nos regaló un final a la altura de una serie magnífica.

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