Temporadas: 6.
Finalizada: sí.
Tipo: Drama, adolescencia.
Dónde verla: Netflix, Disney +.
Lost pudo ser la mejor serie de fantasía de la historia, pero sus dos últimas temporadas parecieron más fruto de la improvisación de los guionistas que de una meditada línea argumental, lo que, como los de la Generación X y Millenial recordamos, provocó un enfado mundial sin precedentes en la historia de la televisión. Pese a su arrastrado final, Lost siempre tendrá un lugar en el podio de las series, porque lo que consiguió hizo historia, y la hizo hasta el capítulo final, que se emitió en todo el mundo a la misma hora (de madrugada en España) y reventó las audiencias. La serie de J.J. Abrams y Damon Lindelof cambió para siempre la televisión y se convirtió en un fenómeno que traspasó todas las fronteras en la era preplataformas.
La serie comienza con el accidente del vuelo 815 de Oceanic Airlines en un viaje entre Sidney y Los Ángeles. Los supervivientes aparecen en una isla que parece desierta, y los primeros capítulos, excepcionales, nos van presentando a quienes van a ser nuestros compañeros en este viaje alucinante. Jack el médico y Sawyer el vividor dividieron a los espectadores: o eras del equipo de uno o del otro (yo era del de Sawyer, por supuesto). Evidentemente, los dos amaban a la misma, Kate, una expresa con un oscuro pasado que poco a poco, como sucede con el resto de personajes, se va desvelando. Esa parte de mostrarnos el pasado de los protagonistas es uno de los mayores aciertos de Lost, que consigue, pese a la cantidad de personajes que hay, que empaticemos con todos. A esto se suma la parte fantástica que aporta la isla, donde suceden cosas de lo más extrañas y tenebrosas.
La trama de Lost da (y dio) para cientos de acalorados debates, pero es complicado condensarla en una reseña: creo que es una serie que todos debemos ver al menos una vez, aunque sea para cagarnos en todo con su larguísimo capítulo final. Sí, pese a ello, Lost es parte de nuestra historia.
