Temporadas: 2.
Finalizada: sí.
Tipo: Drama, amistad.
Dónde verla: Netflix.
Después del bombazo que fue Big little lies, las mujeres de la industria del cine norteamericana perdieron el miedo a apostar por historias «de chicas», que no son otra cosa que HISTORIAS: es Alucinante que, en pleno siglo XXI, las historias sobre más de la mitad de la humanidad se ninguneen o se consideren de una categoría menor. Estas series se atreven, además, a mostrarnos la amistad entre mujeres sin esconder nada, ni los malos momentos (y en esta serie hay hasta una terrible ruptura entre ellas): es un gran punto a favor de esta nueva ola de series. Queridos hombres, podéis aprender algo viendo esta serie, Big little lies, o Las de la última fila, entre otras, y dejar de creeros esas leyendas urbanas sobre mujeres apuñalándose por la espalda constantemente. La amistad entre mujeres es maravillosa, llena de matices y quizá la relación más duradera que vamos a tener en toda nuestra vida.
Firefly Lane (basada en la novela del mismo título de Kristin Hannah (es, en esencia, una historia de amor entre dos amigas: Tully (Katherine Heigl) y Kate (Sarah Chalke). Vamos a vivir su amistad en diferentes etapas de sus vidas, que en la serie se van intercalando, creando un efecto de misterio muy efectivo: cuando se conocen de adolescentes, trabajando juntas en la veintena y en el presente, pasados los 40.
La vida las unirá de adolescentes, cuando Tully, que vive con su disfuncional madre, llega al barrio (Firefly Lane) y conoce a la tímida Kate. Tully es brillante, ingeniosa, guapa y valiente, y Kate se siente inmediatamente atraída hacia ella, como una luciérnaga hacia la luz. Kate también es brillante, pero la serie nos presenta en inicio esa sexista dicotomía entre la mujer sexualizada y el patito feo pero gran madre y esposa, aunque es un espejismo, como iremos viendo capítulo a capítulo. Sí, Tully es explosiva, vive su sexualidad a tope y es un huracán: pero es también una mujer brillante, excelente en su trabajo, que asciende por su físico, sí (presenta programas en televisión, no vamos a cambiar el mundo en dos días: o estás buena o no curras), pero su arrollador talento la sigue siempre un paso por detrás de esa belleza. Kate empieza trabajando con ella, y su talento no anda a la zaga del de su amiga, pero se enamora de uno de sus compañeros, Johnny (con el que Tully también ha tenido un lío), se casan y tienen una hija, y las prioridades de Kate cambian.
Durante la adolescencia y la veintena vamos a ver cómo Tully intenta sacar a Kate de su caparazón pero en todo momento tenemos claro que Kate tiene una fuerza insospechada, y Tully la necesita casi más que Kate a ella. La evolución de su amistad a lo largo de esas décadas nos las va mostrando juntas, en diferentes ciudades, y, al final de la primera temporada, en un final que nos dejó boquiabiertas, enemistadas. En la segunda temporada, la última, descubrimos el motivo del terrible enfado de Kate, pero también el terrible secreto que guarda, y que, al final, va a tirar abajo las compuertas para llevarla de nuevo al lado de Tully. El final de esta serie es precioso: ese baile de Tully, despidiéndose para siempre de Kate, es pura magia.
El baile de las luciérnagas es una serie cursi, sí, es imposible negarlo, que busca la lagrimilla de los espectadores, pero, aun así, es un buen drama. Desde luego, para mí, bastante mejor que el dramón de This is us, que tantos adeptos tiene.
