Temporadas: 1.
Finalizada: ?.
Tipo: Comedia negra, drama.
Dónde verla: Netflix.
Como ya hizo en Derry Girls, Lisa McGee hace brillar a un elenco de mujeres en esta serie que nos lleva de nuevo a su amada Irlanda, aunque con un tono completamente diferente. En Cómo llegar al cielo desde Belfast hay, además de amistad y mucho humor irreverente, un misterio, y tres amigas desde la infancia, Dara, Saoirse y Robyn, van a hacer lo posible por desentrañarlo. El origen se remota a su adolescencia, cuando una nueva alumna, Greta, llega a su colegio y se une a su pequeño grupo. Un hombre adulto la acosa, y muchos misterios la rodean, pero la amistad va más allá de las dudas, y cuando encuentran a Greta junto al cadáver del acosador y les cuenta que lo ha matado en defensa propia, cuando intentaba agredirla, aceptan sin rechistar ayudarla. Primero intentan quemar la vieja cabaña donde ha muerto, pero empieza a llover y tienen que enterrarlo. Ese recuerdo las perseguirá siempre.
Tras el incidente, Greta desaparece de sus vidas y se pasan años sin saber de ella, pero, ahora que todas rozan la cuarentena, una carta avisándolas de la muerte de su amiga e invitándolas al funeral las devuelve a su adolescencia de repente. Es brillante cómo juega McGee con el presente de estas mujeres ya maduras, todas descontentas con su vida, y el pasado de esas adolescentes llenas de sueños, que querían comerse la vida. El viaje de las tres amigas al noroeste de Irlanda para despedir a Greta y todo lo que sucederá después es una especie de viaje iniciático en la cuarentena. McGee acierta también con el uso de la cámara, con ese ojo de pez tan asfixiante y distorsionador, convirtiéndolo en un personaje más. Y, por supuesto, está ese humor negro y ácido que ya me hizo desternillarme en Derry Girls.
Cuando llegan a casa de Greta conocen a su marido, el jefe de policía del pueblo, y se reencuentran con la madre de su amiga. Los dos tienen mucho que ver en el drama que iremos desgranando con las tres amigas y otros personajes que se van encontrando en su aventura: el policía local (que no es policía realmente), la mujer aparentemente despiadada con la que tienen un pequeño choque en la carretera (que tampoco es una mujer despiadada, sino todo lo contrario), y el hijo del hombre al que ayudaron a enterrar, que está buscando pistas sobre lo que le pasó a su padre.
Saorsie, guionista y a punto de casarse con un hombre al que no ama, va a tener un lío con el policía local. Ella es quien descubre que en el ataúd no está su amiga Greta, sino otra mujer. Robyn lleva años cuidando a sus tres hijos en casa, y está hasta la cona, francamente. Es un personaje brutal, con un carácter arrollador. Y Dara es un puntazo, con esa ropa que parece de adolescente en ese cuerpo larguirucho de adulta y su inocencia. Podemos reconocernos en las tres en diferentes momentos, y las amamos desde que las conocemos: McGee no nos deja opción.
La mujer desconocida del ataúd es clave en la historia, pues Greta y ella vivieron de niñas en un lugar desasosegante, donde una psiquiatra experimentó con ellas y otros niños intentando hacer desaparecer los traumas de la infancia. Después, esa mujer escribió un libro, «El complejo de muñeca»; esa mujer no es otra que su madre, su madre adoptiva. La mujer muerta es la niña que estaba con Greta en la vieja cabaña, y muere accidentalmente en su casa cuando, muy pasada de vueltas, va a decirle a Greta que deben confesar la muerte del hombre que las acosaba: sí, quien lo mató fue la pobre compañera de Greta, no Greta, pero ella la hizo huir al ver que llegaban sus amigas y se atribuyó el homicidio. Greta ha pasado años escondiendo su pasado, pero tras este terrible incidente no le queda otra opción que desaparecer de nuevo: es entonces cuando su familia y ella contactan con la mujer que parece despiadada, que en realidad sí lo es, pero con los abusadores, pero no con las mujeres que lleva años ayudando a escapar con nuevas identidades. Algo se tuerce, sin embargo, en esta huida: Greta no puede soportar perder a su hija adolescente, así que se escapa. Mientras, sus tres amigas se van metiendo en lío tras lío mientras la buscan.
El juego entre la caricatura y la distorsión del ojo de pez de la cámara es un toque maestro: ninguno de los personajes que se van encontrando las tres amigas es lo que parece. Tampoco el símbolo, aparentemente de unión, que las tres amigas y Greta se tatuaron de adolescentes: es el símbolo de ese lugar donde Greta vivió con la mujer que luego la adoptó, tratando de darle una oportunidad de ser feliz. Todo es como un juego de espejos, y, mientras desgranamos el pasado tan triste de Greta, no podemos evitar reírnos a carcajadas con esas tres colegas que no dudan en dejar todo atrás para descubrir dónde está su amiga del pasado.
