«Un fantasma en la batalla» (2025). Agustín Díaz Yanes.

«Un fantasma en la batalla» (2025). Agustín Díaz Yanes.

Netflix.

Filmaffinity.

Tipo:ETA, intriga, policíaca, drama.

Dónde verla: Netflix.


Ver Un fantasma en la batalla ha sido duro para mí: mi juventud transcurrió entre los años de plomo, y recuerdo perfectamente todos y cada uno de los asesinatos que recoge la fantástica película de Díaz Yanes. Todos esos terribles recuerdos estaban agazapados, pero todavía ahí, y la dureza de aquellos años se convirtió en presente mientras veía la película. No he visto aún La infiltrada, con la que se la compara constante y pesadamente, pero me parece imposible que sea mejor que este brillante relato de la vida de Amaia, una joven guardia civil infiltrada durante más de 10 años en ETA. Amaia no fue un personaje real, pero sí está basada en varias historias reales de los infiltrados, sin cuyo trabajo posiblemente nunca se hubiese podido terminar con ETA. El director, en su línea sobria pero llena de matices, nos guía por la durísima travesía de la agente, que tiene que dejar atrás su propia vida para convertirse en conductora de la banda terrorista. El fantástico trabajo de la actriz protagonista, Susana Abaitua, nos permite entrar en el interior de esta mujer y sentir su pavor, pero también su determinación. La escena que comparte con Ariadna Gil, que interpreta a Anboto, una de las líderes históricas de ETA, es prodigiosa: sentimos el pánico de Amaia como si estuviese dentro de nosotras.

Díaz Yanes nos muestra desde el inicio el prodigioso proceso de preparación del personaje, hasta con una madre en una residencia en estado vegetativo (la madre de otro agente), a la que irá a ver a menudo. Su jefe, el teniente coronel Castro, al que veremos acusado de torturas en Intxaurrondo (un gran acierto no obviar este terrible asunto, aunque no tenga demasiado protagonismo), un hombre tan frío como Amaia, será casi su única ancla con el mundo real, además de su prometido. Para introducirse en la banda, la GC la coloca de profesora en una ikastola donde trabaja Begoña, conocida miembro de ETA, cuyo marido está en prisión. Amaia se irá acercando a la etarra hasta conseguir entrar en la banda, y el culmen de su trabajo, tras varios éxitos, será localizar los zulos que la banda terrorista tenía en el sur de Francia. Estamos en los años de plomo, los 90 y 2000, y Amaia tendrá que dejar Euskadi para irse a vivir al sur de Francia, como hicieron tantos etarras, para continuar con su trabajo de infiltrada.

La película tiene muchísimos aciertos, como las canciones italianas que Castro selecciona para que Amaia pueda contactar con él: esa música, en contraste con el horror que nos muestra la película, es espectacular. Las escenas finales, con esa Parole parole tan bella que, sin embargo, anuncia una sentencia de muerte, son un ejercicio de puro cine. También lo son las escenas de dos de las situaciones más brutales de la película. La primera, cuando conduce el coche en su primer atentado y el objetivo (avisado gracias al trabajo de Amaia), tras neutralizar a sus verdugos, intenta matarla, fuera de sí, y ella debe dispararle. El dolor de la agente tras este terrible final traspasa el rostro de Ia actriz. También es prodigiosa la manera de transmitirnos con su mirada el intenso dolor que siente cuando, desesperados por encontrar al topo, sus compañeros etarras descubren a otro infiltrado y lo asesinan ante ella. Ese ruego desesperado del agente, pidiéndole ayuda primero, y gritando su nombre real después, es de una dureza extrema.

Hay que dejar claro que la película toma partido claramente en contra de ETA: aunque nos muestra algunos etarras con alma, como Begoña, la mayoría de los retratos son despiadados, en especial el de Anbata. No analiza por qué existía ETA, es evidente que Díaz Yanes no quería contarnos esas historia, sino centrarse en esas dos terribles décadas en las que ETA fue perdiendo poco a poco el apoyo social que, es indudable, tuvo hasta el comienzo del siglo XXI. La muerte de Miguel Ángel Blanco, quizá el detonante de su final, se aborda con sobriedad, pero cuando Amaia habla con Begoña y esta le pregunta si cree que se equivocaron al matarlo, la infiltrada contesta que sí sin dudarlo.

Una película que es puro cine y un retrato duro pero veraz de esos años de muerte que muchos hemos vivido.



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