Tipo: Comedia, drama, animales, perros.
Dónde verla: Netflix.
Preparad los pañuelos: es imposible no llorar con Caramelo. Como humana que puede ver sin pestañear una masacre de su misma especie en una película pero que llora desconsolada si muere el perro os garantizo que podéis verla sin miedo: no es ese tipo de drama, aunque el precioso final nos lo apunte. Pero es un dramón absoluto, aunque con muchos puntos de comedia que aligeran la carga dramática.
Caramelo es un perro al que abandonan de cachorro y lleva dos o tres años sobreviviendo en las calles de Sao Paulo cuando su camino se cruza con el del joven chef Pedro. Tras colarse en su furgoneta, se mete en el restaurante donde Pedro trabaja de ayudante del chef y la lía parda (es imposible no escarallarte de risa si has tenido cachorros: todos hemos vivido muchas de las situaciones de la película), pero su liada consigue que Pedro, tras la renuncia del chef principal, deba ponerse tras los fogones para impresionar a una crítica gastronómica que ha ido a cenar esa noche. Así que, tras conseguir el trabajo de sus sueños, agradecidísimo a Caramelo, se lo lleva a casa. Caramelo le lame insistentemente un lado de la cabeza entre destrozo y destrozo, y Pedro, triste pero desesperado porque el perrito parece indomable, decide llevarlo a un refugio. Allí, donde trabaja la que será el amor de su vida, ella y su compañera, sorprendidas porque Caramelo le lama tanto la cabeza, le dicen que vaya al médico. Empieza el drama: Pedro tiene un tumor cerebral. Ah, y se queda con Caramelo, ¡claro! Pero, ¡os lo prometo!, aunque es muy dramón, es una película preciosa y llena de esperanza. Es maravillosa por el alegato que hace a favor de la adopción de perros y la visibilidad que le da a los callejeros. La relación de Caramelo y Pedro es tan tan bonita que es imposible no llorar recordando a los perros y a las perras a los que hemos dicho adiós. Es una película amable, llena de buena gente haciendo cosas buenas y, francamente, entre toda la mierda que vemos a diario en este mundo que nos ha tocado, es maravilloso desconectar un par de horas y ver solo cosas bonitas, o tristes, pero bonitas, y pegarte una buena llorera, de esas que te dejan como nueva.
