Temporadas: 1.
Finalizada: no (próximamente se estrenará la segunda temporada y ya está confirmada la tercera).
Tipo: Espías, intriga, acción.
Dónde verla: Prime.
El infiltrado, como se tituló en España, es una magnífica serie de espías, una de las mejores que he visto, y, aunque concebida como miniserie, tras su éxito nunca dejó de especularse con que se haría una segunda temporada. Y, finalmente, 10 años después, la segunda se estrenará en 2026, con una tercera confirmada.
Que el protagonista sea Tom Hiddleston es un punto a su favor de la serie: lo amo. Todo lo que interpreta me gusta, y él también: tiene un atractivo magnético, y en este papel lo utiliza sin miedo. La historia, que también protagonizan otros cuatro excelentes actores (Olivia Colman, Hugh Laurie, Tom Hollander y Elizabeth Debicki) se centra en el exsoldado británico Jonathan Pine, a quien recluta la agente de inteligencia Angela Blurr para que se infiltre como Andrew Birch en el círculo íntimo del traficante de armas Richard Onslow Roper. Para ello deberá ganarse la confianza de la novia de Roper, Jed, y la de su socio, Corcoran.
Roper (un fantástico Hugh Laurie) es el villano absoluto: es un tipo disfrazado de encanto y amabilidad quien, sin embargo, no tiene ningún escrúpulo. Sus duelos de miradas con Hiddleston son una cosa loca: ¡qué par de actorazos, señoras y señores! Roper desconfía de todo el mundo, y la rapidez de Pine alcanzando su círculo íntimo lo hace desconfiar, por lo que lo pone a prueba constantemente. Basada en la novela novela homónima de John le Carré, la serie usa y abusa (como debe ser) de su gran gancho: la relación entre Pine y Roper.
La serie es una maravilla: conocemos a Pine en Egipto, donde se ve mezclado sin querer, a causa de una atractiva clienta, en un tema de venta de armas que, como inglés que es, se ve obligado a reportar. Eso va a costar la vida de Sofía, la amante del mafioso egipcio, que trabaja para el temible Rope. Los papeles a los que tiene acceso Pine llegan hasta la minúscula oficina de Blurr, quien no va a soltar la presa fácilmente: lleva una década intentando cazar a Rope, y cuando Pine, destinado tras dejar El Cairo en un hotelazo en Suiza, ve llegar al hotel a Rope y su séquito, contacta con ella de nuevo, le ofrece infiltrarse en la organización y destronar para siempre al rey de la venta de armas. La preparación del personaje es efectiva y coherente, y cuando Pine consigue hacerse un hueco en el séquito de Rope no va a parar hasta lograr reunir las pruebas para acabar con él, aunque lo van a tener complicado, porque tiene en nómina a muchos jefazos del MI& y de la agencia de Estados Unidos con la que los ingleses colaboran para investigar al temible Rope. La tensión es espectacular, los dos actores nos ofrecen una interpretación excepcional, y vivimos con Pine el miedo atroz a ser descubierto, pero también la satisfacción de sus logros.
The Night Manager nos ofrece un cierre clásico, con un último enfrentamiento entre los dos rivales que gana el espía con maestría: las caras cuando los malos ven la cuenta desde la que deben devolver el dinero a los egipcios tras explotar todo el cargamento de armas son un poema.
Dejamos a Roper secuestrado por los malos y a Jonathan exultante… y viajamos 10 años en el tiempo para encontrar a Jonathan, en la segunda temporada, trabajando en un anodino servicio del MI6, los Night Owls, que hacen una labor, aunque necesaria, bastante anodina. En el primer episodio, un flashback nos lleva tres años después de los hechos de la primera temporada, y vemos a Angela y Jonathan juntos: acaban de informarles de que sus captores han matado a Roper, y van a reconocer el cadáver. Angela entra y confirma a Pine que es Roper.
Durante una de sus sesiones de vigilancia en la unidad nocturna, Jonathan ve en unas imágenes a uno de los soldados de Roper, y al escuchar el diálogo lo oye hablar de un patrón que, según el sicario, trabaja como Roper. Poco más necesita nuestro espía para ponerse en marcha, involucrando a su equipo de vigilantes nocturnos, que son agentes sin experiencia de campo, recordémoslo. Pero Sally, la chica del grupo, apunta maneras (y tanto). Así que siguen la pista, que los conduce a Teddy Dos Santos. El joven colombiano, como descubren, dirige una trama de tráfico de armas y parece que la historia se repite: la jefaza del MI6, como sucedía en la primera temporada, está implicada en la operación, y mientras el agente Rex, amigo de Angela Burr y de Jonathan, vigila a la fría Mayra Cavendish, Pine y su equipo se van a Colombia.
Allí se hará pasar por Matthew Ellis, un insoportable millonario británico que acaba de ser expulsado del banco suizo donde trabajaba por una operación poco ética. Todo está diseñado para que, cuando lo investiguen, descubran que Ellis se llevó mucho dinero, además. Y Teddy necesita dinero urgentemente para su operación. Matthew/Jonathan logra infiltrarse en el grupo gracias a la guapísima Roxana Bolaños, que trabaja para Teddy pero tiene sus propios intereses: salir de la organización y tener una buena vida lejos de ella. Así que nuestro espía consigue acceder al grupo, y lo primero que hacen es drogarlo para interrogarlo y saber si es de fiar. Ni Roxana entiende cómo Jonathan logra superar esta prueba, pero lo hace. Y entonces empieza un sexy juego entre Teddy, Roxana y Matthew, y sí, Jonathan se va a acostar con ella finalmente, pero que siente una tremenda atracción por Teddy es incuestionable. De hecho, es esa atracción la que desatará el drama final.
Pero volvamos atrás: en el final del tercer capítulo descubrimos que Roper está vivo, y nos enfadamos con Burr tanto como Jonathan. La veterana espía confiesa a su pupilo que el temible traficante apareció la noche antes de identificar su cadáver en su habitación y le ofreció, a cambio de su mentira, no matarlos a todos, también a su marido y su hija. Menuda decepción, Angela… Sintiéndose solo, Jonathan se apoya en Sally y sus compañeros y en un detective privado colombiano que va a resultar todo un descubrimiento. La trama se centra en Pine intentando descubrir dónde se va a entregar el cargamento de armas, y para ello tendrá que poner a Teddy de su parte: será fácil manipularlo, porque tiene una grabación de Roper donde dice que Teddy no es un animal de ciudad, y que cuando todo termine, aunque le ha prometido llevárselo con él, no lo hará. Porque Teddy es su hijo, y el peso de esa paternidad en el joven colombiano es brutal. La aparente traición de su padre pero, sobre todo, enamorarse de Matthew, lo llevará a cambiar de bando. Entre mucho lío (aligerado por la escena de baile de Teddy, roxana y Matthew, de alta tensión), al final Burr acude en ayuda de su chico, tras descubrir la implicación de Mayra en la conspiración y que da la orden para asesinar al adorable Ted. Todo está listo para pillar a Roper: la fiscal general colombiana espera la llegada del cargamento, mientras, en la selva, Matthew y Teddy fingen ante la guerrilla que el chico ha ido creando para convertirse en el ejército de Roper que todo es como debe ser: hay que engañar al frío traficante de armas. Pero Roxana también cambia de bando para salvarse el pellejo y decide entregar a Pyne, aunque falla. Pero una frase que le dice a Roper hará que el listísimo cabronazo se dé cuenta de que su hijo lo ha traicionado. Esta vez es Roper quien gana: engaña con un doble cargamento al equipo de Jonathan, se carga a su propio hijo por su traición y ordena matar a Burr ante su propia hija pequeña. Se nos rompe el corazón mientras vemos a Jonathan, salvado por los pelos por el valiente detective privado, huyendo herido y derrotado mientras Roxana se va de Colombia ilesa y Roper entrega las armas a los compradores. Si en la temporada 1 la victoria es de los buenos, en la 2 claramente ganan los malos. Es la ventaja narrativa que otorga saber que tienes garantizada una temporada final, que resolverá la trilogía cuando se estrene.
¿Merecía la pena esta segunda temporada? Seguramente no: la primera es excepcional y tenía un final cerrado, pero esta segunda entrega no decepciona. No es brillante, como la primera, pero mantiene su línea con solvencia, dejando muchas cuestiones por resolver en la tercera. Jonathan estaba roto al terminar la primera temporada, ¿cómo va a superar la muerte de Teddy, Rex y Burr en la tercera? Y, sobre todo, ¿qué factura pasará a Roper haber asesinado a su propio hijo? Viendo la escena final, tan british, del traficante recogiendo a su hijo en el internado, como si nada hubiese pasado, podríamos pensar que ninguna. Pero… ¡ya veremos!
