«Sinners» (2025). Ryan Coogler.

«Sinners» (2025). Ryan Coogler.

Información.

Filmaffinity.

Tipo: Vampiros, terror.

Dónde verla: Movistar + y HBO.


Vale, que haya hecho historia con 16 nominaciones a los Oscar es una sobrada, sí, pero Sinner es grandiosa. El hecho de que lo haya petado así en los Oscar solo refleja la realidad: cada vez se hace cine más malo, por lo que las buenas películas se encumbran demasiado. No creo que Una batalla tras otra sea una película que vayamos a recordar dentro de 20 años (es muy buena, sin duda, pero no tanto) ni Sinner (aunque me parece muchísimo mejor) se merece ser el filme con más nominaciones de la historia: ¿estamos locas? Pero sí que creo que la recordaré dentro de 20 años, porque me ha parecido una película excepcional.

Nos cuenta la historia de los gemelos Smoke y Stack, que regresan en 1932 a su pueblo, en el Delta del Misisipi, tras haber combatido en la I Guerra Mundial y pasar después años trabajando para la mafia en Chicago. Con el dinero que han robado a los gangsters compran un aserradero cuyo dueño es un racista terrible: van a abrir allí un club de blues para los negros de la zona. Su primo pequeño, Sammie, un genio tocando la guitarra y cantando, se une a ellos ante el estupor de su padre, el pastor del pueblo, que le advierte que la música que él toca (con la guitarra que le regalaron hace años sus primos) puede llamar a lo sobrenatural. ¡Qué razón tenía!

La primera parte de la película nos muestra a los gemelos reclutando al personal para su garito: el pianista Delta Slim, un borracho profesional, y la cantante Pearline se unirán a Sammy (que se enamora de Pearline locamente) en la parte artística. Para la cocina fichan a Annie, la mujer de Smoke, que además de cocinar tiene ciertos poderes sobrenaturales. Toda esta parte de Sinners es un prodigioso retrato de la época, de la comunidad negra y de la importancia de la música blues para ellos. Cuando están preparando el local aparece la ex de Stack, Mary, que parece blanca pero no lo es, y que llega muy rebotada con el gemelo porque la plantó. Él la ama, eso está claro, pero quería protegerla, por eso la dejó atrás, pero ella no está dispuesta a dejarse mangonear. También discuten Smoke y Annie, porque ella le asegura que ellos han estado a salvo gracias a la protección de sus prácticas ocultas, y aquí descubrimos por qué se distanciaron: su bebé murió, y Smoke le dice que a ella no pudo salvarla. Pero se quieren y se reconcilian.

Llega la noche de abrir el bar: Sammie interpreta una canción flipante en una escena que es puro cine, mezclando ritmos y músicos africanos del pasado y del presente: acojonante. Pero esa canción, como su padre el pastor le ha advertido, no solo llama a los espíritus del pasado y del futuro, sino también a Remmick, un vampiro irlandés que ofrece dinero y música para entrar al garito con sus dos colegas. Como son blancos deciden no dejarlos entrar, y los tres vampiros se quedan fuera, esperando. Y entonces empieza la segunda parte de la película, radicalmente diferente a la primera: es cuando llega el terror, llenito de sangre. Comienza con la conversión de Mary, que sale a hablar con los músicos a ver cuánto dinero ofrecen para entrar. Cuando vuelve a entrar en el bar, tras pedir al fornido portero que la invite a entrar, se lía con Smoke y lo muerde mientras follan. Apoteósico. Su hermano y Sam entran a buscarlo y se encuentran el percal, y cuando Stack dispara a Mary y ella se levanta de nuevo como si tal cosa se dan cuenta de que están en un buen lío. Anna es la que ata cabos y entiende que son vampiros, así que organizan la defensa como pueden: con ajo, joyas de plata para lanzar como proyectiles y estacas de madera para acabar con los nomuertos.

La batalla es una orgía de sangre y violencia, y solo se van a salvar Stack y Sammy, por la parte humana, y Smoke y Mary, por la vampírica (eso lo descubriremos al final, ya que en la batalla vemos a Stack a punto de matar a su gemelo). A Stack, desgraciadamente, le va a durar poco la vida: los vampiros le han revelado que el dueño del aserradero es del KKK y que al amanecer planean ir a matar a todos los negros del garito. Así que saca su rifle de francotirador de la guerra, se agazapa fuera y los espera: mata a todos, pero es herido de muerte y se despide de ese plano viendo a Anna y a su bebé: pura poesía.

El final de la película, años después, nos muestra a Sammy en su bar en Chicago (que se llama Pearline, por supuesto) ya anciano, tocando blues. No fue capaz de romper la guitarra maldita ni de quedarse, como le pidió su padre, y alejarse del mal (que para el pastor simboliza la música). Cuando termina de tocar y se está tomando una copa aparecen Smoke y Mary. Smoke le cuenta que Stack no fue capaz de matarlo, pero que le puso como condición para perdonarlo que nunca tocaran al pequeño Sammy. Han ido a despedirse del que ahora es una leyenda del blues y le ofrece la vida eterna, pero Sammy la rechaza. Y con la pareja saliendo del bar termina esta película maravillosa. Sí, pese a los vampiros, a la sangre y a la violencia, Sinners es maravillosa. Nos habla de identidad, de amor, de pertenencia, y todo esto entre escenas musicales alucinantes (no solo la del bar con todos los músicos del presente y pasado unidos: la del reel del vampiro irlandés es otra obra de arte). Nos cuenta con un cuento de terror la lucha de los negros por mantener su cultura y terminar con el racismo, aunque sea de una manera poco ortodoxa. Sinceramente, desde la serie Ripley no había vuelto a ver algo que me gustase tanto.

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