Tipo: Ciencia ficción, acción, catástrofes.
Dónde verla: Disney +.
Hay dos películas de las catalogadas de segunda categoría (o de tercera…) por las que tengo debilidad: Enemigo público y El día de mañana. Me lo paso en grande viendo las dos, y no puedo evitar verlas si aparecen en las sugerencias de cualquier plataforma. El día de mañana es una película catastrofista que muestra las terribles consecuencias del cambio climático. Sí, lo hace de manera exagerada, pero, ¡coño!, esto es cine, no ciencia.
El protagonista, interpretado por Dennis Quaid, es Jack Hall, un paleoclimatólogo que lleva años advirtiendo al Gobierno de EEUU de que habrá una catástrofe climática si no se toman medidas. El científico no puede dar una fecha aproximada («pueden ser 10 años o 100»), pero tiene la certeza de que la hecatombe llegará tarde o temprano, aunque estima que será en el mundo de sus hijos o nietos. Lo conocemos en una expedición en la Antártida junto a sus compañeros Frank Harris y Jason Evans: mientras perforan hielo para obtener muestras, la tierra se parte en dos. Días después, Hall asiste a una conferencia sobre el clima de la ONU en la India, y presenta sus conclusiones: el calentamiento global va a llevar a la Tierra a una nueva Edad de Hielo. El vicepresidente de USA, Raymond Becker, considera que el científico es un alarmista y pasa de sus avisos. Pero el profesor Terry Rapson, que trabaja con su equipo en Escocia, sí lo cree. Los dos expertos intercambian conclusiones y dejan la cumbre bastante frustrados por la ignorancia de los políticos. De vuelta en su base en Escocia, Rapson y su equipo son alertados por el brusco descenso de la temperatura que mide una de las boyas que tienen en el Atlático Norte, y envía al equipo de Hall las medidas para que las analicen. El resultado es sobrecogedor: al ritmo que está descendiendo la temperatura, el norte del la Tierra va a sufrir una terrible tormenta que arrasará todo. Tampoco esta vez escucha Rapson, ante la desesperación de Hall. Pero la naturaleza va a darle, desgraciadamente, la razón, y una terrible tormenta que comienza con lluvias torrenciales y tsunamis comienza a arrasar el norte de Europa y Norteamérica. New York será una de las ciudades más afectadas, y allí está el hijo de Hall, Sam, que ha ido con sus compañeros a un concurso de estudiantes. Sam, como digno hijo de su padre, tiene recursos suficientes para intentar sobrevivir a lo que se les viene encima, y tras conseguir hablar con Hall gracias a una vetusta cabina telefónica, recomienda a las cientos de personas refugiadas en el edificio de la Biblioteca Pública (en una zona elevada, por eso lo escogen) no moverse, pues el científico le explica que la temperatura va a caer de manera drástica y morirán congelados si salen. Gran parte de los refugiados se marcha, pero un pequeño grupo se queda con Sam. Escogen una sala alta con chimenea para parapetarse y empiezan a quemar libros. Terrible, pero un, aunque facilón, mensaje sobre cómo todo pasa a segundo plano cuando hay que sobrevivir.
Mientras, Hall, que le ha prometido ir a rescatarlos, se equipa para viajar a NY con sus dos compañeros. La travesía es terrible, pero, tras perder a uno de ellos y casi morir congelados, logran llegar. La tormenta, que ha congelado todo, amaina por fin y los supervivientes son rescatados. Pero la lección será terrible: los países del Tercer Mundo, tan maltratados por Occidente, serán los que acojan a esos miles de refugiados climáticos de los países ricos. La escena de los yanquis tratando de cruzar la frontera mexicana es de una terrible ironía,
¿Es un peliculón? Pues no, evidentemente, pero si es cine en estado puro: te tendrá dos horas pegada a la pantalla y las previsibles situaciones se compensan con los excelentes efectos especiales. ¡Reivindiquemos de una vez que podemos ver cine para pasarlo bien y punto!
