Tipo: Drama, intriga, policíaca.
Dónde verla: Prime, Netflix.
Una joya más de Scorsese, diga lo que diga la crítica, que la vapuleó bastante. Es una película atípica en su filmografía, sí, pero a mí me flipa precisamente por eso.
Nadie como el veterano director sabe sacar lo mejor de un actor ya sobresaliente como Leonardo DiCaprio. Aunque mi favorita es Infiltrados, Shutter Island es también una gran película: nadie maneja la tensión y la ambigüedad como Scorsese, y en esta película el final nos rompe todos los conceptos ,tras un viaje onírico en el que nunca sabemos qué es real y qué no.
Shutter Island se basa en la novela homónima de Dennis Lehane, y nos lleva al año 1954. Los agentes federales Edward «Teddy» Daniels y su nuevo compañero, Chuck Aule, llegan a Shutter Island (un hospital psiquiátrico) para investigar la desaparición de Rachel Solando, una de las pacientes. La mujer salió sin que se sepa cómo de una habitación cerrada por fuera, y los dos federales tienen que resolver el misterio. El jefe de psiquiatras, John Cawley, les cuenta que Rachel ahogó a sus tres hijos y por eso fue internada, pero que nunca ha aceptado lo que hizo y vive en un mundo paralelo.
La película nos va dando pistas y referencias que llevan al tremendo desenlace: hay un faro, un psiquiatra que se ha ido de vacaciones y muchos sueños en los que Teddy ve a su mujer, Dolores, que murió hace años en un incendio causado por Andrew Laeddis, un pirómano. En esos sueños también aparece el número 67 en una nota. Teddy cree que Rachel sigue en la isla, y decide encontrarla. También cree que está allí Laeddis, y, como confiesa a su compañero, por eso ha aceptado la misión: el pirómano desapareció también, y Teddy está convencido de que algo oscuro se esconde en la institución.
Toda la película es un juego entre lo real y los sueños, entre la realidad y el deseo de olvidarla. El engaño es relativo: nos cuentan la verdad solo empezar la película, para confundirnos después de mil maneras, hasta que no tenemos claro qué carallo está pasando. Eso me parece lo más genial de esta película: que nos cuentan el final solo empezar pero nos cuesta mucho atar los cabos, porque Scorsese juega con nuestra mente sin cortarse un pelo. No es la mejor película de Scorsese, pero no es en absoluto una obra menor del genial director: es una gran película, hipnótica, en la que nos dejamos engañar encantados por el maestro.
