Temporadas: 4
Finalizada: no.
Tipo: Drama, amor, de época.
Dónde verla: Netflix.
Allá por 2020, el primer año de la pandemia, aterrizó en Netflix la primera temporada de Los Bridgerton, que nos llevó a Londres en 1813 para conocer a Daphne Bridgerton y a su familia. Daphne, hija mayor de la poderosa familia Bridgerton, debuta en sociedad esa temporada y vamos a ver cómo las mujeres son trozos de carne a la venta en ese mundo matrimonial. Nos lo cuenta de manera desenfadada y estilosa, sin detenerse en lo escabroso, pero es imposible no verlo. Daphne tiene un debut prometedor, pero de repente aparece un diario desvelando los secretos de la clase alta escrito por la misteriosa Lady Whistledown, que es además la narradora de la serie. En uno de sus libelos lanza calumnias sobre Daphne y la pone en una situación difícil. Y es aquí cuando la llegada del rebelde Duque de Hastings, el soltero más deseado de la temporada, lo cambiará todo. Convertido en sueño húmedo de las mujeres de todo el planeta, el Duque enseña a Daphne todo sobre el amor, pero nos regala el primer supermachismo de esta serie, cuando, al haber decidido no tener hijos, engaña a la inocente Daphne haciendo la marcha atrás para no dejarla embarazada. Todo esto sin consultarla ni explicárselo, claro, pero ella lo descubre y decide no dejarlo salir en el siguiente polvo. Él se indigna muchísimo: ¡qué valor! Bueno, al final terminan felices, porque esta serie es una especie de bizarro cuento de hadas que va de rompedor y es más machista que un incel.
La segunda temporada, para mí la menos mala, se centra en otro de los hijos Bridgerton, Anthony: esta serie dedica cada entrega a uno de los hijos de la familia, como sucede en las novelas originales (que no he leído, ni pienso). Anthony es el mayor y siempre se ha sentido tan responsable de su familia que ha dejado poco espacio para la diversión y el amor. Cuando conoce a las hermanas Sharma, Kate y Edwina, empieza a cortejar a la segunda por indicación de su madre, que está desesperada por casarlo. Pero Kate se da cuenta de que ese engreído no ama a su hermana e intenta impedir su unión… enamorándose en el intento. Es la menos mala porque Anthony y Kate están al mismo nivel dialéctico y nos regalan grandes duelos orales llenos de ingenio. Además, son la pareja menos empalagosa de toda la saga, algo que se agradece. Por supuesto, tras muchos avatares, terminan juntos y enamoradísimos.
Llegamos así a la tercera temporada, en la que vamos a conocer el amor de Colin Bridgerton y su vecina Penélope. Ella comienza la serie tirando la toalla: sabe que no responde al estándar de belleza del momento y que le va a costar casarse, así que decide encontrar un marido adecuado, pues necesita un hombre que le dé independencia suficiente para seguir con su doble vida: ella es Lady Whistledown, la cotilla oficial del reino. Colin decide ayudarla en su búsqueda de marido, pero poco a poco se va dando cuenta de que ama a su vecina y mejor amiga. Muy comentada de esta temporada fue la escena en la que se enrollan en el carruaje. Lo único salvable para mí es convertir a una chica que pesa más de los 50 kilos exigibles en el audiovisual actual en protagonista: les hago la ola por esto. Por lo demás, esta temporada es menos cursi que la primera pero bastante más coñazo que la segunda.
La cuarta y, hasta ahora, última, se estrenó en 2026 y para mí es la peor, rozando lo deleznable. En esta el protagonista es Benedict Bridgerton, la oveja negra de la familia. Lo hemos ido conociendo en temporadas anteriores, siempre de juerga, liándose con unas y otros y sin absolutamente ninguna preocupación. Así llegamos a esta trama, en la que se enamora en un baile de máscaras de la misteriosa Dama Plateada y hace de su búsqueda el objetivo de su vida. Buf, ¡es tan sumamente machista y absurda esta temporada! La Dama Plateada es una bella doncella, hija natural de un noble que es relegada a ser sirvienta cuando, tras casarse de nuevo y morir, la chavala se queda a merced de su malvada madrastra y sus lerdas hermanastras: ¿os suena? Cenicienta con rasgos asiáticos y príncipe tóxico en vez de encantador… Al final todo sale bien, ¡por supuesto!, pero el tostón que nos meten en medio es de alta intensidad.
