Tipo: Intriga, detectives, comedia negra.
Dónde verla: Netflix.
La primera entrega de Knives out fue un bombazo mundial, y se ha vuelto tradición que cada mes de diciembre se estrene una nueva película en la que el detective Benoit Blanc debe investigar un asesinato. A mí me ha gustado esta tercera entrega, desde luego mucho más que la segunda y casi tanto como la primera. No es cine de autor, es cine de entretenimiento, y lo cierto es que esta saga lo clava en ese aspecto.
De entre los muertos nos presenta a un honesto e idealista sacerdote, Jud Duplenticy (al que da vida fantásticamente Josh O’Connor), que es enviado a una pequeña parroquia tras darle un puñetazo a un insoportable compañero. Allí se pone a las órdenes del carismático Monseñor Jefferson Wicks, que está como una regadera, y conoce a su devota congregación, que está igual de tarada que él. Entre ellos hay un escritor otrora famosa y ahora venido a menos que idolatra al monseñor; una joven con problemas de movilidad que cree que el cura puede curarla; el jardinero al que el cura ha salvado del alcoholismo; un médico que ha vivido días mejores; un joven aspirante a político obsesionado con grabarlo todo…y la mano derecha, ama de llaves y devotísima Martha Delacroix (fantástica Glenn Close), que vive en la parroquia desde niña y conoce la bizarra historia familiar de su adorado monseñor, marcada por una madre que deseaba escapar pero se quedó para conseguir una fortuna que nunca heredó.
Durante una misa, Wicks es asesinado y todas las sospechas recaen en Jud. La providencial llegada de Benoit Blanc para ayudar a la policía será como un milagro para el joven cura, que ayudará al detective con sus pesquisas para limpiar su nombre. Como es normal en estas películas, que imitan descaradamente el estilo de Agatha Christie, todos los personajes pueden ser culpables, y el detective tendrá que estar muy atento para descubrir al asesino o asesina.
