Temporadas: 1
Terminada: sí.
Tipo: Comedia.
Dónde verla: SkyShowtime.
La idea parecía buena: Nails ironiza sobre el fenómeno de las tradwives, las mujeres que vuelven a roles tradicionales, dejando de trabajar para cuidar su casa y a su familia. Sin embargo, la serie no funciona: no hace reír y tampoco invita a reflexionar demasiado. Lina, Vanessa, Irene y Marilís son las cuatro protagonistas: cuatro mujeres de distinta procedencia, edad y clase social que coinciden en un salón de manicura gestionado por dos mujeres chinas. Como ninguna es feliz, deciden dar un golpe de timón y cambiar el rumbo de sus vidas. Lo mejor de la serie son sin duda las interpretaciones de algunas protagonistas que, pese a un guion bastante regulero, logran salvar los muebles.
Lina, la más pija, tiene su propia empresa y es despiadada en el trabajo, pero eso le ha costado su relación familiar: apenas ve a su marido y su hija, y ellos tienen una relación mucho más fluida entre ellos que con ella. Así que decide dejar su empresa y convertirse en una mujer tradicional, que cocina y limpia para su familia. Marilís, que trabaja con su marido, un aburridísimo Fernando Tejero (desde que sé que defiende los vientres de alquiler no lo soporto, pero soy objetiva pese a ello: algunos papeles los defiende bien. Este no es uno de ellos), tiene dos hijos que llaman mamá a la mujer que los cuida, Guada. Así que deja el trabajo, despide a Guada y decide centrarse en su familia. Vanessa, una chica con un TCA que vive con su novio (al que ponen de cachondo constantemente, algo que me resulta inexplicable), es entrenadora personal y se suma al movimiento de sus colegas: deja de currar y decide que sea el vago de su novio quien provea ahora. Pero él, un pailán aspirante a influencer, descubre que hablar de su novia en redes, contando esa vuelta de tuerca que la ha llevado a dejar de trabajar y ser ama de casa, lo peta… así que empieza a hablar de ella constantemente, sin que Vanessa lo sepa, pues han pactado no espiarse los teléfonos ni seguirse en redes. Y, por último, tenemos a la única que realmente es una «mujer tradicional», Irene: casada desde hace décadas, ama de casa ejemplar y cuidadora entregada de su nieta, decide unirse a sus amigas pero, en vez de dedicarse a la casa, hacerse más independiente.
La serie, tras la introducción de las cuatro mujeres, intenta crear situaciones surrealistas que resulten divertidas, pero no lo consigue. El principal problema es el guion, que no te permite creerte nunca a los personajes. Las tramas no tienen tirón; Vanessa, que obliga a su novio a buscar trabajo, se muere de celos porque encuentra empleo en un local nocturno; Irene demanda a su marido para que le pague los años de trabajo gratuito que ha hecho; Marilís se pasa el día peleando con su suegra y Lina cocinando y cantando copla. En realidad, ninguna está satisfecha con este nuevo rol, pero tiran hacia adelante para no decepcionar a sus amigas.Al final, la única que realmente es feliz es la que era ama de casa y descubre que puede hacer muchas cosas pese a ser una mujer de 60 años: se matricula en la Universidad y, gracias a ese empoderamiento, la relación con su marido mejora: consigue que la vea como a su igual. El resto… pues Lina se queda sola, ya que a su marido y a su hija les espanta su vuelta al pasado, pero, cuando Vanessa deja al panoli de su novio se va a vivir con ella: ese mensaje final de las dos felices viendo atardecer es bastante simplón, pero intento atribuirle como significado que las dos han aprendido que no necesitaban una pareja para ser felices. Y la irritante Marilís descubre que tiene un don para aconsejar y se monta un rollo de coaching, igual que su marido.
¿Qué falla en Nails? Principalmente, el guion. Las actrices lo dan todo, eso es indudable, pero las situaciones en las que las vemos no son divertidas. La premisa de que quieren volver a ser mujeres tradicionales no se sostiene, y creo que ese es el gran problema.
