Temporadas: 1.
Terminada: no.
Tipo: Thriller, drama, policíaca.
Dónde verla: Netflix.
Efectivo thriller psicológico, con un inmenso Imanol Arias y unas fantásticas Elena Anaya y Enma Suárez dándole réplica. Imanol interpreta a Félix Garay, el asesino del gasoil, quien, tras matar a varias personas y ser condenado a prisión, queda en libertad años después. Atrás ha quedado su vida, centrada en su hija Sara, que ha cambiado de apellido y renegado de su pasado para poder sobrevivir. Ella vive con su marido y su hijo, que no saben quién es su padre ni nada de su oscuro pasado. La liberación de Félix va a poner patas arriba toda su vida.
El precario equilibrio psicológico de Sara es una de las claves de la serie; ella es psicóloga, de hecho, y a través de flashbacks vamos viendo cómo la niña que presenció cómo detenían a su padre se convirtió en una adolescente llena de ira, hasta que, con ayuda de la inspectora Arias, que interpreta de mayor Enma Suárez y de joven Aura Suárez, consigue trazar una línea con el pasado y empezar a vivir su vida. Para ello cambiará de apellido, empezará a estudiar Psicología y sepultará bajo un pesado silencio quién es. Pese a que su padre no quiere que lo visite en la cárcel, conseguirá hacerlo escribiendo una tesis sobre la psicopatía, porque, pese a todo, Sara no es capaz de desligarse de su figura, que tan importante era para ella. Cuando se enamora, aterrada por si los rasgos psicópatas de su padre puedan heredarse, hace creer a su marido que no puede tener hijos para tener al suyo con otros óvulos. Sara es tremendamente frágil, pero también tremendamente fuerte. Cuando su padre sale de la cárcel y empiezan a aparecer muertas, una a una, las personas que tuvieron relación con su caso (el compañero que lo delató, el juez que lo encarceló, etc), Arias le pide ayuda. Entonces comienza un angustioso juego psicológico para Sara, a la que vemos contenida, un «robot», como tan bien la define su hijo, pero de la que tenemos claro que si esa barrera de contención se rompe todo saldrá disparado sin remedio.
Es muy interesante también el personaje del hijo, Sebas, un adolescente manipulador y muchas veces despreciable, aunque sus padres ignoren esta faceta suya. Sus juegos de manipulación con sus compañeros del equipo de remo son tremendos. Nosotros sabemos que no es hijo biológico de Sara, ¿entonces por qué muestra esos rasgos de psicópata en ciernes? Descubrimos más adelante que el chaval sabe quién es su abuelo, y aquí se nos plantean preguntas muy interesantes: ¿es más importante la genética que el entorno? Sara ha vivido toda su vida aterrada por ser como su padre, y el destino da una vuelta de tuerca y al final la pone frente al espejo que es su propio hijo: también él está aterrorizado. Pero ese miedo se mezcla con una potente fascinación por la muerte, los asesinatos de su abuelo, llevándolo casi a la obsesión. Las escenas entre abuelo y nieto son de lo mejor de la serie.
Arias y su compañero, un competente policía, investigan las muertes relacionadas con el caso de Félix, con la ayuda de Sara. Arias y Sara tienen claro que quien está matando es alguien relacionado con el caso, y, tras un proceso de eliminación, empiezan a indagar entre las familias de las personas que mató Félix. Han dado en la diana, aunque les va a costar muy caro, especialmente a la inspectora.
El final queda totalmente abierto: los dos hijos de una de las víctimas son los asesinos, aparentemente, y su identidad se desvela en el capítulo final. La hija es la asistente de Sara, y el hijo el compañero policía de Arias, que va a pagar caro su descubrimiento. Pero también nos deja con el terrible hallazgo de Sara de los trofeos de los crímenes que esconde su hijo. Un buen enganche para que pidamos segunda temporada, sin duda.
Lo mejor de la serie es la fotografía, que combina perfectamente con las fantásticas interpretaciones: sobria, gélida, inquietante. Lo peor, los viajes al pasado, que son un poco coñazo porque se alargan demasiado. Pero la serie mantiene la intriga y la tensión y funciona.
