«Homeland» (2011-2020).

«Homeland» (2011-2020).

Temporadas: 8.

Terminada: sí.

Información..

Film Affinity

Tipo: Intriga, espías.

Dónde verla: Disney +, Netflix.


A lo largo de ocho temporadas, Homeland nos llevó tras los pasos de Carrie Mathison, una oficial de operaciones de la CIA, y pese a alguna temporada flojilla, no hay duda de que estamos ante una gran serie, con un final maravilloso y justo para un personaje igual de maravilloso. Está basada en la serie israelí Prisoners of War, que no he visto, por lo que no puedo opinar sobre si la mejora o la empeora.

Carrie es un personaje lleno de matices. Padece un trastorno bipolar, aunque solo lo saben su padre y su hermana, psiquiatra, que es quien la trata. Verla lidiar con la enfermedad y su estresante trabajo es sobrecogedor. Durante las primeras temporadas, su relación con Brody es el centro de la trama y de su vida, ya que se enamoran. Pero los juegos de traición y las vueltas de tuerca del mundo de los espías son tremendos, y la vida de Carrie es como un carrusel que gira a toda velocidad, algo que, con un trastorno bipolar, es realmente peligroso.  

La serie comienza con una operación no autorizada en Irak que condena a Carrie a ir destinada a un centro de contraespionaje en Langley (Virginia), en la sede central de la CIA. Recibe un soplo de que un soldado estadounidense que lleva años siendo prisionero de Al-Qaeda se ha pasado al bando enemigo. El director del Centro de Contraterrorismo, David Estes, informa a Carrie y a sus colegas de que Nicholas Brody (Damian Lewis), declarado desaparecido en combate en 2003, ha sido rescatado en una misión contra el grupo terrorista de Abu Nazir. Carrie cree que él podría ser el traidor de su soplo, pero como Estes no va a aceptar vigilarlo, la impetuosa agente decide acudir a su mentor, Saul Berenson, y pedirle ayuda para espiar a Brody. En la segunda temporada, con Brody elegido congresista, Carrie sigue obsesionada creyendo que es un terrorista y se centra en la caza de Abu Nazir y la vigilancia al soldado. El final, con el atentado con coche bomba en un acto público, es tremendo: muere el jefe de Carrie, David Estes, y Carrie, que ya se ha enamorado de Brody, huye con él al darse cuenta de que lo van a culpar. Saul se convierte en el nuevo jefe de la CIA y declara a Brody fugitivo y a su querida Carrie traidora. Quinn, el agente compañero de Carrie, será el responsable de perseguirlos, pero, en una ocasión que tiene a tiro a Brody, decide no matarlo… Y así llegamos a la tercera temporada, una de las peores de la serie. Los guionistas decidieron limitar las apariciones de Brody, y la trama se resintió: una vez vista la serie completa, nos queda claro que la intención era dar un paso al frente y hacernos entender que Homeland es Carrie, no Carrie y Brody, pero lo cierto es que esta temporada nos puso a prueba. La trama comienza con Carrie peleándose con Saul, como siempre, y fingiendo ser enemiga de la agencia: es una estratagema para que los iraníes la fichen como espía. Por decirlo suavemente, más cogido por los pelos imposible. También sobraron muchos minutos de metraje centrados en la familia de Brody, irrelevante para la trama general de la serie y, para rematar la jugada, en el capítulo final vemos cómo Nicholas Brody es ejecutado en una plaza en Irán, ante la impotencia de Carrie, al otro lado de una verja, rota de dolor… y, embarazada de su amante. No tendremos tiempo de llorar demasiado al soldado: Carrie aparece al final de la temporada cuatro meses después, embarazada, preparándose para una nueva misión en Estambul, donde se convertirá en agente doble. Saul, por su parte, aparece retirado de la CIA.

Llegados a este punto, quienes decidimos seguir adelante con la serie somos auténticas heroínas, pero lo hicimos y, yo al menos, no me arrepentí, porque, aun con todos sus defectos, creo que Homeland es una serie sobresaliente. En la cuarta temporada, que es muchísimo mejor que la anterior, Carrie es jefa de estación de la CIA en Islamabad (Pakistán), e investiga una trama terrorista en la que está aparentemente implicado un joven médico. Quinn comienza a ganar protagonismo desde esta temporada: no es un personaje que nos caiga simpático, pero su aportación a la vida de Carrie es relevante. Carrie ya ha tenido a su hija, Frannie, que ha dejado con sus padres, porque irse a cazar al terrorista Haissam Haqqani no es el mejor plan para llevarse a un bebé, sin contar con su enfermedad mental, claro. Que la pequeña sea hija de Brody tampoco ayuda: Carrie sigue rota por su muerte, así que eludir su responsabilidad con su hija le parece la mejor idea, dadas las circunstancias. Es valiente Homeland en este planteamiento: otros guionistas habrían «redimido» a la protagonista, convirtiéndola en madre abnegada, pero esa no sería Carrie. La amamos, pero, asumámoslo, es una bomba de relojería. En Islamabad, sus remordimientos la obligan a centrarse todavía más de lo habitual en ella en el trabajo.

Sandy Bachman, otro jefe de estación de la CIA, es asesinado por un turbio asunto y Carrie descubre una valiosa pista tras su muerte que la lleva a investigar la falsa muerte de Haqqani. Como es habitual en la serie, vamos a dar varias vueltas de campana en el argumento, en el que la bipolaridad de Carrie va a ser muy importante. De hecho, uno de los aciertos de esta temporada, que casi reinventa la serie, es mostrarnos la parte más personal de Carrie (el capítulo final, con la muerte de su padre y su reencuentro con su madre, es un buen ejemplo de ello). El romance con Quinn parece, sin embargo, metido con calzador, pero bueno, ¡tienen derecho a un revolcón! Y Saul vuelve a aparecer, por supuesto, y protagoniza una angustiosa trama en la que es secuestrado, y que hace aflorar la mejor versión de Carrie. También es desgarradora la trama de Fara, la vida de esas personas que la CIA usa como peones pero que son VIDAS, como Carrie termina entendiendo, y que, en una serie norteamericana, es muy de alabar que afronten con tanta valentía.

La temporada termina con la muerte de Fara, un ataque a la embajada de EEUU, traiciones y corrupción dentro de la CIA. ¡Menudo quilombo! Carrie decide salir de toda esa locura y se va a Sudáfrica con su hija para intentar escapar de sus demonios, pero, como todas sabemos, volverá al terreno de juego tarde o temprano. La encontramos en la quinta temporada en Berlín: han pasado dos años, ha dejado la CIA y trabaja para una fundación como jefa de seguridad y tiene novio, un abogado que trabaja también para la fundación, Jonas. Su jefe, Otto, va a visitar un campo de refugiados en Líbano, y Carrie está organizando el viaje, aunque lo desaconseja. Tenía razón en no considerar adecuado el viaje: intentan matar a su jefe, aunque logran evitarlo, y la exagente decide quedarse en Líbano para descubrir quién ha sido. Así se mete en un berenjenal en el que el terrorismo informático tiene mucho protagonismo: tras el robo de documentos secretos de los servidores de la CIA, Saul Berenson viaja a Berlín para intentar mitigar los efectos de la fuga de datos. Mientras, Carrie descubre en el Líbano que ella era el objetivo del atentado, no su jefe, así que vuelve a Berlín, manda a su hija a USA con su hermana y comienza a investigar desde un piso franco para descubrir quién quiere matarla. La va a liar un poquito dejando de tomar su medicación para poder pensar más libremente. Así la encuentra Quinn, que recibe el encargo de matarla, pero el agente no piensa hacerlo y le propone fingir su muerte y seguir investigando quién la quiere fuera del mapa. A Quinn lo tirotean y se lía parda, con Carrie desesperada por salvarlo. Vamos a empezar a encajar todas las piezas del puzle poco a poco: Carrie cree que quien la quiere muerta es el SVR, los rusos, porque hay algo en los documentos filtrados que podría descubrir y ponerlos en peligro. También nos enteramos de cómo ha aparecido Carrie en la lista de objetivos de Quinn: ha sido una agente doble, nada más y nada menos que Allison, que está liada con Saul e intenta que sea él quien parezca culpable. Vamos a enrevesar más las cosas: Quinn, malherido, trata de suicidarse, pero recibe ayuda de un refugiado sirio que es médico y lo lleva al edificio ocupado en el que vive. Allí también vive un líder yihadista. Por supuesto, Quinn se va a ver envuelto en un lío más.

Mientras, Carrie descubre que Allison, y no Saul, es la agente doble, pero un vídeo de Quinn usado para probar el efecto de un gas para avisar de un atentado yihadista va a hacer que esa información pase a un segundo plano, y Carrie no se lo dice a Saul. ¡Locura total en el final de temporada! Contrarreloj, Carrie intenta averiguar dónde va a ser el atentado, mientras Allison intenta desviar la atención haciendo creer que va a ser en el aeropuerto. Nuestra agente encuentra a Quinn, en las últimas, y junto a él unos planos del metro de Berlín, así que, con una de esas fijaciones tan típicas de ella, intenta convencer a Saul de que el atentado será allí, pero están desalojando el aeropuerto y no le hace caso.. hasta que él mismo descubre que Allison es el topo. Así que comienza una frenética cuenta atrás para intentar evitar el atentado, pero será Carrie quien consiga pararlo, con esa fiereza llena de cabezonería que tanto la define. Esta tremenda acción hace que Saul le ofrezca volver a la CIA, pero dice que no y se va a buscar a Quinn al hospital. Su amigo y ocasional amante ya no está, y ha dejado una carta en la que, parecen darnos a entender, le pide ayuda a Carrie para que lo ayude a morir. Pero que no cunda el pánico: en la sexta temporada vamos a tener mucho Quinn… y su relación con Carrie va a ser uno de los puntos fuertes.

La sexta temporada, que es frenética también, nos lleva seis meses después de la quinta: Carrie vive ahora en Brooklyn con Franny y trabaja en una fundación que ayuda a los musulmanes que viven en Estados Unidos. Quinn ha sobrevivido, pero ha sufrido un derrame cerebral grave que lo ha dejado incapacitado. ¡Toma hostias para Quinn! Carrie lo cuida, pero Quinn es un hombre roto, que ve conspiraciones por todas partes y, sin embargo, el personaje más lúcido de todos.

Saul y Dar Adal siguen trabajando para la CIA. En la temporada anterior vivimos las elecciones y en esta vamos a vivir la investidura de la primera presidenta de USA, Elizabeth Keane, que va a ser el eje de la trama, pues se ha orquestado un golpe de Estado para derrocarla (no acertaron en Homeland creyendo que iba a ganar Hillary Clinton). Conseguirán impedirlo, pero Quinn tendrá que sacrificar su vida antes, para salvar a Carrie y a Keane. Y esto no me lo esperaba, porque Quinn, aunque un personajazo, es un chungo de carallo, ¡pero me dio muchísima pena su muerte!

Y así llegamos a la penúltima temporada, la séptima, donde volvemos a los clásicos: los espías rusos, y conocemos a un personaje clave para el final de la serie, Yevgeny Gromov, interpretado por el gran Costa Ronin (que decidió correr el riesgo de convertirlo en un clon de su espía de la KGB en The Americans: no lo es, pero en la comparación pierde Homeland). Esta temporada va a estar muy centrada en la presidenta Keane, que tiene que lidiar con la ultraderechista Brett O´Keefe y con sus propios errores, como encarcelar a muchos inocentes, entre ellos Saul. Carrie comienza la temporada en modo discreto, intentando mejorar su salud mental y con su familia en estado delicado tras todas sus decisiones. Vive con su hermana y trata de ayudar a los inocentes encarcelados por Keane.

Francamente, esta temporada es muy floja. La serie tenía que haber terminado hace varias temporadas, pero este empeño en estirar las tramas hace que productos que podrían haber sido de culto se queden en series solventes como mucho. Carrie volverá, por supuesto, al ruedo, pero para aderezar su dramática vida nos meten una disputa por la custodia de Frannie. Quienes a esas alturas seguíamos fieles a Homeland nos merecíamos ya un premio… y nos lo entregaron en forma de temporada final: me encantó. La trama es la de siempre, juegos de espías: unos helicópteros se estrellan al comenzar la temporada, causando la muerte de los presidentes de USA y Afganistán, y Saul intenta impedir una acción militar contra los que EEUU cree culpables, Pakistán, tratando de encontrar la caja negra y descubrir qué sucedió realmente.

Carrie, mientras tanto, se encuentra en una situación imposible: el agente ruso Yevgeny Gromov le exige que entregue a un misterioso agente doble que opera en Rusia a las órdenes de Saúl si quiere la caja negra y evitar una guerra. Y Carrie decide espiar a Saul y descubre cómo se comunica con su agente: a través de notas escondidas en libros. Terminará traicionando a su mentor, descubriendo al agente doble, una mujer a la que, finalmente, condenará a muerte: la agente debe suicidarse, y Saul lo escucha desolado, porque llevaban trabajando juntos 40 años. En estos momentos nuestro odio a Carrie y a los guionistas es total: ¿cómo pueden hacernos esto? ¿Carrie una traidora? Era fácil intuir que había un doble juego, pero aun así nos dejamos arrastrar por el drama: ¡el final de la serie lo merecía!

Y así llegamos al final parte 1: los rusos entregan la caja negra, que revela que lo que sucedió fue un simple accidente, y Carrie, tras haber traicionado a su país y a su mentor, aunque fuese para salvarlos a todos, tiene que huir a Rusia con Yevgeny. No es tan malo: se han enamorado y la verdad es que hacen una pareja estupenda. Además, a mí me caen mejor los rusos que los yanquis, ¡qué le vamos a hacer!

El verdadero final llega con un salto de dos años en el tiempo, y nos encontramos a Carrie viviendo en Moscú con su espía ruso. Parece felicísima, y de hecho lo es. Saul se ha retirado y lo vemos recogiendo la primera copia de Tyranny of lies, el libro que ha escrito Carrie en Rusia poniendo a caldo al gobierno estadounidense. Entonces entendemos que ese era el plan desde el principio: Carrie se ha ganado así la confianza de los rusos, pero, en realidad… ¡sí!: Saul encuentra la notita escondida en el lomo del libro que le ha enviado Carrie, el mismo sistema que usaba con su fallecida agente doble.

Carrie lo ha perdido TODO en estas ocho temporadas, así que nos parece justo el trato: que termine enamorada, y, aunque odiada en su país, que la cree una traidora, ella, y nosotras, sabemos la verdad. Y eso, en realidad, ha sido lo que siempre ha importado a nuestra agente.



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