Temporadas: 5.
Finalizada: sí.
Tipo: Adolescentes, drama, deportes, amor.
Dónde verla: Prime, Filmin.
Friday night lights es una buena serie, atípica en el formato de series de adolescentes por su enfoque de muchos temas, pero, para disfrutarla, un consejo: si no eres estadounidense te va a costar la parte deportiva, que, aunque se va reduciendo a medida que avanza la serie, es enorme. Para nosotros, el fútbol americano es totalmente ajeno, y la locura que muestra Friday night lights que rodea a un campeonato DE INSTITUTO nos resulta inconcebible. Para que la serie te cale tienes que ignorar un poco esas sensaciones, porque Friday night lights puede parecer una serie sobre fútbol americano, pero es una tremenda crítica al sistema deportivo y su presión sobre los chavales, al papel de las mujeres en la sociedad americana y a muchísimas otras cosas. Disimulado bajo tíos y tías buenas (puedes alegrarte la vista sin remordimientos, intentan colar como adolescentes a veinteañeros ya mayorcitos), un oropel que, especialmente en el primer capítulo, intenta deslumbrarnos, a medida que el lazo y el papel de regalo se van rompiendo nos muestra mucho, muchísimo más, de lo que parecía contener. La serie pierde fuelle desde la tercera temporada, pero, en el cómputo general aprueba con nota.
La primera temporada nos presenta a los protagonistas: Eric Tylor es el nuevo entrenador de los Panthers y se muda con su familia a Dillon (Texas). Sí, es un equipo de instituto pero a sus partidos van miles de personas: así este deporte en USA. Es decir, no es el entrenador de fútbol de nuestros institutos. Los Panthers llevan años siendo irrelevantes pero su principal patrocinador, Buddy Garrity, ficha a Taylor, un tipo medianamente famoso, para que los haga campeones estatales. Con Eric llegan a Dillon su mujer y su hija adolescente. Tami empezará a trabajar como consejera escolar en el instituto, y la conocemos siendo la esposa ejemplar: toda su vida se supedita a la de Eric, porque su trabajo, siempre, es más importante que el suyo (esto va a cambiar a medida que avance la temporada). Julie, la hija de la pareja, es inteligente (guapa, por supuesto: en esta serie lo son todos) y en la primera temporada veremos cómo la niña perfecta comienza a rebelarse contra sus padres. Además, se enamora de Matt Saracen, que, aunque es quaterback, no es el típico jugador: es dulce y tímido y tiene una vida complicada. Matt vive con su abuela, que empieza a manifestar demencia o alzheimer. Su padre vive, pero es soldado y nunca está en casa. De hecho, veremos que viene en un permiso y es incapaz, aunque lo intenta, de gestionar la situación de su madre y la vida «normal»: Matt terminará pidiéndole que vuelva al ejército.
Cuando Eric llega a Dillon, su quaterback estrella es Jason Street, pero una entrada en el primer partido que dirige va a cambiarlo todo: Jason no volverá a caminar. Matt lo sustituye en el campo y, pese a parecer un poco pusilánime, Eric logrará poco a poco sacar de él al jugador que puede llegar a ser. Jason sale con la chica perfecta: animadora, monísima, estudiosa e hija fantástica (su padre es el patrocinador de los Panther). Lyla es una adolescente que parece tenerlo todo, con su vida planeada y que está loca por Jason… pero, de repente, se enrolla con Tim Riggins, el mejor amigo de Jason y el malote del equipo. Es malote con motivo, vale, pero malote, y está buenísimo. Lyla se siente fatal y lo deja, pero Jason los ve en un partido y, aunque no pasa realmente nada, le queda claro que se han liado y se arma la de dios.
Brian «Smash» Williams es el chulo por antonomasia del equipo. Tiene buen fondo, pero una ambición desmedida que lo lleva a ser soberbio en demasiadas ocasiones. Comienza la temporada ligando con todo lo que se mueve, pero se va a enamorar de la hija del pastor de la iglesia a la que va cuando vuelve de un supuesto viaje a África: en realidad, la chavala no estaba de viaje, sino internada, porque tiene un trastorno bipolar. Smash se verá incapaz de ayudarla en muchos ocasiones.
Tyra empieza la temporada siendo la novia de Riggins, aunque desde el minuto uno te queda claro que él no está enamorado de ella (está colado por Lyla), y esta adolescente alocada, a la que nada parece importar, será la que más evolucione de todos, especialmente en la segunda temporada, cuando su amistad con Landry (el mejor amigo de Matt, que está colado por ella) los une en un terrible incidente.
En Friday night lights no hay solo culebrón adolescente y jugadas de fútbol americano: hay situaciones desgarradoras que van más allá de lo que se espera de una serie «ligera». La vida de Matt, cuidando a su abuela; la vida de Tyra, que aparenta ser una tigresa pero que, en realidad, se ha puesto una coraza porque sabe que no le espera nada mejor que a su madre… la locura de Lyla en la segunda temporada, cuando se vuelve una fanática religiosa. Son demasiadas pistas de que no estamos ante una serie de adolescentes como las demás. La crítica a la sociedad norteamericana pulula por todas las escenas, desde las aparentemente inocentes hasta las más crudas.
Jason, el supuesto héroe de la serie por su historia de superación, irá creciendo en la primera temporada, en la que vemos cómo intenta superar su minusvalía, convirtiendo su silla de ruedas en una aliada, pero también cómo debe bajarse los humos cuando empieza a jugar a rugby en silla de ruedas y no es el rey de la pista. Su relación con Lyla está rota desde que lo engañó con Tim, pero se resiste a soltar lo último que le queda de su vida anterior, y terminará haciéndole mucho daño. Lyla es quizá el personaje más roto: la niña de familia de posibles, la niña perfecta, es la más rota de todos. El machismo planea todo el rato en las relaciones de los adultos y los adolescentes, pero, mientras algunas luchan contra él, Lyla es incapaz: cuando se descubre en el instituto que ha engañado a Jason con Tim, la crueldad de su compañeros y compañeras es de un calibre tan misógino que te rompe por dentro. Tim ni siquiera es cuestionado, pero a ella la llaman puta desde que entra hasta que sale del centro. Es desgarrador, y ella parece incapaz de plantar cara a esa injusticia. Lo conseguirá, casi al final de la primera temporada, cuando, tras renunciar a ser animadora, se reúne con su equipo en el campeonato estatal. No sabemos siquiera si ganan o no: la victoria importante es la de Lyla (eso no evita que tanto ella como Jason me caigan como el culo, me parecen insoportables ambos).
Tami, la mujer de Eric, termina la temporada plantándole cara: se niega a mudarse con él a Austin tras aceptar un puesto de entrenador universitario. Tami se ha quedado embarazada, pero no es solo eso lo que la lleva a plantarse: es feliz en Dillon, le gusta su trabajo con los adolescentes y Julie está harta de mudarse. Eric ni se plantea decir no y quedarse, esto es relevante reseñarlo.
La segunda temporada empieza por tanto con Eric en Austin y su familia en Dillon, aunque esta situación durará poco: Tami no puede sola con la bebé y la ahora rebelde Julie y Eric tendrá que volver. Su entrenador sustituto es un capullo que trata fatal a los chicos, así que Garrity le ayuda a recuperar su puesto. Julie ha dejado a Matt y tontea con un socorrista con el que trabaja en verano, y empieza a asalvajarse bastante. Cuando, tras enfrentarse a gritos a su madre esta le da una bofetada, Eric sabe que su sueño se ha terminado: tiene que volver a casa.
Matt no entiende bien qué ha pasado, pero tiene más preocupaciones que Julie: el nuevo entrenador le está quitando galones pese a ser capitán para encumbrar a Smash. Con su tremenda ambición, Smash está encantado, pero el resto del equipo no: los dos acaban a hostias tras un partido. La cosa está que arde… y es entonces cuando Garrity va a ver a Eric y le suplica que vuelva. Pero el regreso vendrá con sorpresa: el entrenador sustituto demanda al equipo y Eric pagará por ello, cobrando la mitad que antes de irse. Para completar su salario, Garrity le propone ocuparse de toda el área deportiva del instituto, y tendrá que aceptar.
Tim se había liado la temporada anterior con su vecina, una mujer de 33 años con un crío (tremendo el blanqueo de lo que es violación y abuso de menores, USA nunca dejará de sorprenderme), y cuando ella lo deja cae en picado: bebe muchísimo y pasa de todo. También influye en esta deriva darse cuenta de que su padre, como le lleva diciendo su hermano años, es un cabronazo de primera, y tras volver a Dillon se lo demuestra. Tim se siente solo, muy solo. El nuevo entrenador los lleva al límite físicamente, y con sus borracheras es complicado estar a la altura. Por si esto fuera poco, su ex (su abusadora, hablando en plata), se lía con su hermano Billy y la cosa se pone muy tensa. Tim se pira de casa y duerme en el coche: allí lo encuentra Eric, que se lo lleva al garaje de su casa para que no duerma en la calle. Riggins está madurando (la trama en la que «rescata» a Julie, borracha, de un adolescente depredador y Eric cree que está intentando abusar de ella lo demuestra), pero seguirá metiéndose en líos: tras irse de casa termina en la caravana de un tío extrañísimo que trapichea con drogas y que vive con sus hurones. Esta relación le saldrá cara: cuando Billy se queda sin novia y los dos hermanos se reconcilian, recogiendo sus cosas de la casa del traficante encuentran 3000 dólares y se los llevan: están a punto de desahuciarlos porque no pueden pagar la hipoteca y el dinero llega como caído del cielo. El trapichero le va a dar una paliza a Tim para agradecérselo… Entre tanta mierda, Tim, que sigue enamorado de Layla, decide decírselo: pero nuestra fanatiquilla religiosa está tonteando con un chaval muy religioso también, líder de su iglesia, con el que hace un programa de radio (el actor es Matt Czuchry, el Carry en The Good Wife y el protagonista de The Resident: tiene algo que me pone nerviosa).
Llegamos a la tercera temporada con Tim y Lyla dándose una oportunidad, Jason siendo padre con un ligue de una noche y Julie intentando recuperar a Matt. Las movidas deportivas, por supuesto, continúan: llega un nuevo quarterback a los Panthers, McCoy, y es buenísimo: Eric hará lo posible para mantener a Saracen en el puesto, pero al final tendrá que darle una oportunidad al nuevo chico, que lo peta. El problema es su padre, que es un gilipollas integral… y a Eric le va a costar caro ponerlo en su sitio. Tami es ahora directora del instituto y se enfrenta al poderoso grupo deportivo para invertir una donación de Garrity en profesores y material y no en una pantalla para el campo de fútbol americano, como pretenden. En cuanto a Tyra, tras intentarlo con Landry, decide que es mejor que sigan siendo solo amigos. Él está loco por ella y verá con horror cómo se lía con un cowboy que llega a Dillon con un festival de rodeos. Tyra tendrá muchas idas y venidas esta temporada: Tami la anima para intentar ir a la universidad, pero la realidad es tozuda, ya que tiene que mejorar mucho sus notas y, además, engrosar su CV con actividades extraescolares: decide presentarse como delegada y gana, pero usando trucos facilones que enfadan a Tami.
Una de las tramas centrales es el regreso de la madre de Matt: cuando va a buscarla porque necesita que le firme unos papeles para poder hacerse cargo legalmente de su cada vez más enferma abuela (que tiene demencia), ella decide ayudarle. Matt la rechaza al principio, pero no es más que un adolescente y necesita a su madre. Su padre, soldado, nunca ha sido realmente de ayuda, pero su madre sí lo será.
Terminaremos la temporada con sorpresa y comenzaremos la cuarta con un cambio brutal en la vida de Eric: Dillon está dividido en East y West, y, tras una serie de movidas que no recuerdo, parte de los chavales de West Dillon son enviados al instituto de East Dillon. Pero lo jevi es que el padre de McCoy, que es asqueroso (con paliza a su hijo incluida) quería joder a Eric y terminamos la temporada anterior viendo cómo logra echarlo del equipo de fútbol americano. Empezamos la temporada cuatro con Taylor entrenando a un nuevo equipo: los Lions de East Dillon, que se han reactivado. Mientras, en el otro lado de la ciudad manda Joe McCoy y Garrity pierde su influencia, además de su taller, aunque resurgirá de sus cenizas abriendo un bar y apostando por el nuevo equipo de Dillon.
Esta temporada supone una gran ruptura con las tres anteriores y resulta evidente que la serie tiene que llegar a su final, porque los chicos crecen y los protagonistas ya no tienen cabida en las tramas de instituto o en las del equipo. Tyra se va por fin a la universidad y no volveremos a verla hasta la temporada final de la serie; Lyla también se va a estudiar fuera de Dillon, aunque la veremos regresar de vez en cuando (una de las veces para volver a enrollarse con Riggins). Matt la lía parda dejando Dillon sin despedirse, ni siquiera de Julie, su novia, y le rompe el corazón: la muerte de su padre lo descoloca totalmente y necesita salir de su ciudad, y, aunque tenemos claro que quiere a Julie, no es capaz de evitarle el dolor. Matt sí volverá a Dillon de vez en cuando: su abuela vive allí y está enamorado de Julie e intenta que lo perdone. Es evidente que esta es la pareja favorita de los guionistas, y aunque han dado vueltas y vueltas, tenemos claro que terminarán juntos porque se quieren de verdad: tendremos que esperar a la última temporada para ver su final feliz, pero llegará.
Eric se encuentra con un equipo muy diferente al que entrenaba: está en la zona pobre de Dillon y tiene a muchos chavales con pasados jodidos, como Vince, un delincuente juvenil. Otro de los nuevos personajes es otro de los jugadores de los Lions, Luke Cafferty, que juega en los Panthers hasta que Tami descubre que está engañando con su dirección, que pertenece a East Dillon, y lo envía al otro instituto. El papel de entrenador autoritario de Eric deberá dar paso a uno muy diferente: aquí no solo deberá ser un entrenador, sino también una figura paterna para muchos de los chicos. Respecto a Tami, en esta penúltima temporada es nombrada directora del instituto de West Dillon y tendrá momentos tensos con su marido, ya que está atrapada entre dos lealtades.
Riggins se va a la universidad… y la deja. Vuelve a Dillon y, tras muchas movidas con su hermano en las temporadas anteriores, se reconcilian y Tim se va a vivir a una caravana. Billy, su hermano, está enamorado de la hermana de Tyra, la stripper, y, cuando se queda embarazada, desesperado por conseguir dinero, se mete en un lío ayudando a una banda que roba coches a descomponerlos para vender las piezas. Tim tratará de ayudarlo a salir del lío, pero no lo conseguirá: a final de temporada veremos cómo el exjugador decidirá asumir la culpa del delito para evitar que su hermano vaya a la cárcel, ya que acaba de ser padre. En la trama de Tim nos meten a uno de esos nuevos personajes que no tienen mucho sentido y que fueron un claro indicador de que la serie tenía que ir terminando: Becky, la hija adolescente de su vecina, que se enamora de él. Él intenta ayudarla en lo que puede pero dejándole claro que no habrá nada entre ellos. Sí, Tim está madurando… aunque lo de ir a la cárcel, como veremos en la temporada final, le va a pasar factura. Becky, entretanto, se lía con Luke y se queda embarazada. Pide consejo a Tami y al final decide abortar. Los padres de Luke, fanáticos religiosos, se vuelven locos e inician una campaña para que despidan a Tami por «incitar» a la muchacha a abortar. USA es surrealista, francamente. La temporada termina con Tami negándose, como le piden para conservar su puesto, a pedir perdón públicamente y marchándose al instituto de East Dillon como consejera, el mismo puesto con el que llegó en la primera temporada a Dillon.
La temporada final cierra las tramas, se toma algunas licencias y, en general, nos deja contentos, porque la serie no daba para más. Así, en esta temporada final veremos cómo Eric, que es un gran entrenador, logra hacer un equipo de los Lions, que llegarán a la final del campeonato estatal. Esto no impide que, agobiados por la falta de presupuesto, las autoridades educativas decidan mantener solo un equipo de fútbol americano en Dillon: ni el éxito de los Lion, superior al de los Panthers, evitará que sea el equipo de «los pobres» el que desaparezca. Tamy, que intenta hacer bien su trabajo en East Dillon, aunque le resulta difícil, recibe una oferta de una universidad de Philadelphia para ser decana de admisiones. Después de años mudándose por el trabajo de su marido, él se mosquea y pretende que se queden en Dillon, donde le ofrecen volver a los Panthers (ya se ha ido McCoy). Estupefacta, Tamy le dice que cómo es posible que se plantee siquiera volver a un equipo donde lo trataron como una mierda y que cómo es posible que, ante una enorme oportunidad para ella como es ese trabajo, ni siquiera se plantee mudarse él esta vez tras ella. La sociedad norteamericana es tremendamente machista, eso es indudable, y aunque Tamy me cae como el culo, igual que Eric, admiro de su personaje esa parte «feminista» que le permite tomar la decisión de aceptar el puesto. ¿Se separarán Eric y Tamy? Que no cunda el pánico: ¡nunca jamás separarían al matrimonio ideal norteamericano! En las escenas del final, que nos enseñan cómo termina cada personaje, vemos a Tamy de decana y a Eric entrenando a los Panthers… de Philadelphia.
Julie, que se va esta temporada final a la universidad, se lía con un profesor adjunto casado y, por supuesto, a él no le pasará nada, mientras que ella, tras ser atacada por su mujer en la cafetería, delante de todo el mundo, se hunde y vuelve a casa. Tiene una depresión terrible: que Matt la dejase la rompió por dentro, y esta nueva hostia la remata. El enfrentamiento con sus padres es brutal, como ha sido siempre para ella, que desde niña ha querido diferenciarse de ellos. En resumen: Matt conseguirá que lo perdone, ella se irá unos días con él a Chicago pero entiende que tiene que labrarse su propio camino y vuelve a Dillon para decidir qué hacer. Al final Matt le pedirá que se case con él, sus padres se vuelven locos pero vamos, que se van a casar quieran o no.
Las tramas de fútbol, con Vince y Luke liderándolas, se centrarán en sus esfuerzos por conseguir universidad. El padre de Vince sale de la cárcel y casi les jode la vida de nuevo a él y a su madre, una exalcohólica: se vuelve loco al ver que su hijo es buenísimo jugando y, pese a que el entrenador les pide que le dejen manejar a él el tema de los reclutadores, se mete por medio y casi jode el futuro de Vince. Al final tendrán que echarlo de casa: vuelve a beber y vuelve a joderlo todo. Luke, que ve cómo su futuro universitario no parece existir, ya que no consigue beca, está enamorado de Becky e inician una relación. Al final todo saldrá bien y podrá ir a la universidad.
Becky vive en casa de Billy Riggins con su mujer y su hijo tras marcharse su padre y dejarla tirada con su nueva novia: Tim, antes de entrar en la cárcel, le dijo que si necesitaba ayuda se la pidiese a Billy, y así lo hace. Cuando Tim sale de la cárcel se sentirá confusa con sus sentimientos, ya que estaba loca por él pero ahora quiere a Luke. El Tim que vuelve no es el que se marchó, de todos modos: está muy resentido con Billy y su relación es terrible. Se va a vivir a la caravana y decide irse a Alaska, pero entonces aparece Tyra y lo ayuda a centrarse, reconciliación con su hermano incluida.
Algunos personajes de las primeras temporadas tienen un recuerdo en el final: Smash aparece en un partido en televisión triunfando en el fútbol americano universitario y vemos a Jason feliz, padre de familia y trabajando en una universidad. Tyra ya sabemos que vuelve al pueblo y se vuelve a liar con Tim, aunque no me queda claro que sea el típico polvo de recuerdo, porque en la escena final de Tim lo vemos con su hermano construyendo su casa en el terreno que compró en la tercera tamporada: Texas forever!
