Tipo: Amor, comedia, adolescentes.
Dónde verla: Prime.
Mermaids fue una de las cientos de comedias de adolescentes que se rodaron como setas en los 80 y los 90: en aquel entonces no teníamos plataformas, e ir al cine los viernes era una de nuestras principales actividades de ocio. Sirenas contaba con el enorme gancho que entonces era Cher -acompañada por Bob Hoskins, un solvente actor en la época- y la emergente estrella de Beetlejuice, Wynona Ryder. Junto a ellas brillaba la que ya es una actriz de culto, Christina Ricci, interpretando a la excéntrica hermana pequeña.
Es una película que ha envejecido muy mal, cargada de moralina y moraleja, porque, por aquel entonces, las chicas malas, las que tenían sexo siendo adolescentes, siempre eran castigadas en las películas. Charlotte Flax no iba a ser la excepción.
La película nos cuenta la historia de la familia de las chicas Flax narrada en primera persona por Charlotte, que tiene 15 años. Su madre, Rachel, es salvaje y atractiva, libre e independiente (eso quieren hacernos creer, pero toda su vida se decide en función de relaciones con hombres), y las ha llevado de ciudad en ciudad toda su vida: en cuanto surge un problema, Rachel carga el coche y se muda. Y Charlotte está cansada de tantos tumbos: empieza a hacerse adulta y siente un gran rechazo por muchas de las decisiones y comportamientos de su madre.
Estamos en 1963, y la película aprovecha la línea temporal para regalarnos muchos temazos de la década (el baile final de las tres es ya historia del cine). Las tres chicas Flax acaban de llegar a Eastport, en Massachusets, tras fracasar la última aventura amorosa de Rachel. Conocemos a la familia con los ojos de Charlotte, que está obsesionada con el catolicismo y con las monjas del convento que tienen cerca de casa. La vida disoluta de su madre contrasta enormemente con esa vena religiosa de su hija, pero es evidente que la adolescente intenta ser lo contrario de esa madre a la que cree despreciar. Además, al no saber quién es su padre, Charlotte vive obsesionada. A su hermana pequeña, sin embargo, se la pela: a ella solo le interesa nadar.
Charlotte se enamora locamente de Joe, un chico de 26 años que conduce el bus escolar y trabaja de cuidador en el convento, y su madre comienza una relación con el dueño de una tienda del pueblo, Lou: parece ser lo contrario a su tipo, pero Lou es bueno, divertido y un tío 10 con sus hijas, así que Rachel va a enamorarse poco a poco de él, aunque tratará de evitarlo a toda costa.
Eran otros tiempos; hoy, que un tío de 26 años se acostara con una adolescente se vería como lo que es: una violación. En aquellos tiempos todavía nos vendían la moto de que las mejores relaciones para una mujer eran con hombres mayores, entre muchas otras machiruladas. A Joe lo pintan como un ser de luz, pero eso no evita que la escena del campanario nos resulte enormemente violenta actualmente. Y claro, la que paga la pena es Charlotte, la chica: mientras se acuesta con Joe, su hermana pequeña, obsesionada con la natación, cae al río y casi se ahoga. ¡Menudo recuerdo bonito para la noche en que la desvirgan!
Al final, Rachel acepta que ama a Lou y deja de escapar y Charlotte florece para convertirse en una adolescente popular. Y vivieron felices y comieron perdices en Eastport.
