Dónde verla: Prime Video.
Estilo: Drama, romance.
Ver esta película por primera vez fue una de las experiencias más increíbles de mi vida. Por momentos, el síndrome de Stendhal me golpeaba sin piedad, escuchando el increíble Yumeji’s Theme de Shigeru Umebayashi acompañando en un baile perfecto la belleza de Maggie Cheung en sus lánguidos paseos. La he visto varias veces más, y en todas he sentido esa emoción. Es una película mágica, digna sucesora de 2046.
En Deseando amar conocemos a Chow, un periodista que se muda con su mujer a un nuevo edificio en Shanghai. Allí conoce a Li-zhen, que también acaba de mudarse con su marido, que viaja constantemente, como la esposa de Chow. La soledad y los encuentros casuales les irán uniendo, y descubrir que sus parejas les son infieles los empujará a dar un paso más, pero, aunque poco a poco se van enamorando, ambos saben que su relación no tiene futuro: viven en una sociedad con normas muy rígidas, que ellos siguen sin apenas cuestionarse. Cuando los cotilleos de los vecinos son ya muy ruidosos, Chow decide marcharse a Singapur. Será unos años después cuando cuente su historia de amor a las piedras de Angkor Wat.
Esta película es una de las historias de amor más hermosas que he visto en el cine, además de un prodigio visual, lleno de sensualidad. En la época de su estreno yo estaba en plena fiebre por el cine oriental, arrastrada por mi amor desde adolescente a la literatura de esa parte del planeta, pero, aunque he visto auténticas maravillas, esta será siempre LA película. Es lenta, quizá lentísima para quien no esté habituado a este tipo de cine. Sin embargo, es quizá la más popular de las películas asiáticas, porque, realmente, ¿quién puede no rendirse a la poesía de sus imágenes?
