Temporadas: 6.
Finalizada: sí.
Tipo: Distopía, drama.
Dónde verla: HBO Max, Prime, Movistar.
Cuando leí la novela de Margaret Atwood en la que se basa esta serie, El cuento de la criada, el futuro distópico que narraba era distópico. Ahora ya no me lo parece: el avance del machismo es tan brutal que no puedo descartar que algo parecido acabe pasando en el mundo occidental: en muchos países ya suceden cosas terribles a las mujeres, ante el mutismo del resto del planeta. Como explicó la escritora en su día, todo lo que narra en la novela sucedió realmente en algún lugar, y saberlo provoca escalofríos.
La serie supo interpretar muy bien en sus primeras temporadas ese ambiente oscuro y asfixiante de la novela, esas miradas de los depredadores, el terror constante en el que viven las mujeres. Sin embargo (el mal de esta era), la alargaron hasta la extenuación, y, aunque la incluyo en el olimpo de mis series favoritas, en un balance global no está a la altura de muchas de ellas. Pero creo que la dureza de la trama, así como la magnífica fotografía e interpretaciones, la hacen merecedora de un lugar de honor. No es una serie perfecta, pero ha marcado a miles de personas, y solo por eso, por el miedo que nos ha transmitido al futuro, por lo que nos ha hecho pensar, merece ser recordada.
La protagonista absoluta es June (una excepcional Elizabeth Moss), que vive en Gilead, el estado que ha sustituido a EE.UU. tras una revolución que ha sumido en una terrible dictadura religiosa a toda la población. Con ecos del reparto social de Un mundo feliz de Huxley, los colores de la ropa marcan las funciones de cada persona en esta nueva y terrible sociedad, dirigida por el fanatismo religioso. Las esposas visten de verde (o azul aguamarina, ya se sabe que ese tono no lo vemos todas igual), las marthas (las mujeres que se ocupan de las labores de las mansiones) de gris y las criadas como June visten de rojo, con sombreros blancos como caparazones. Todas las criadas han tenido hijos anteriormente: la contaminación terminó afectando a la fertilidad, y antes de la revolución que creó Gilead casi ninguna mujer podía quedarse embarazada. Las criadas, por tanto, son valiosas, pero su papel en el estrato social es nulo: son esclavas sexuales. Cada una vive en una casa con un matrimonio de la clase dominante y, una vez al mes, es violada por el marido mientras la esposa la sujeta, en un acto atroz que ellos llaman la ceremonia. Cuando se quedan embarazadas saben que no podrán quedarse a sus hijos, que serán criados por la familia; ellas son enviadas después a otro hogar, para que no sientan apego por sus bebés. ¿Os suena la crítica a los vientres de alquiler?
June tiene una hija, Hannah, que ha sido entregada a alguna poderosa familia de Gilead, y tenía un marido del que se tuvo que separar al estallar la revolución, y no sabe si está vivo o muerto. Como un fantasma, con esos ojos azules que no parecen tener fondo, June pasa por la vida en Gilead como anestesiada, sin esperanza. ¿Cómo va a tenerla?
Los que mandan son todos hombres: los comandantes, como Fred Waterford, el jefe de la casa de June (ella no se llama ya June, se llama DeFred) están en lo más alto de la cadena, y de ahí hacia abajo hay diferentes cargos. Los más bajos son los hombres que vigilan armados hasta los dientes todo Gilead, y antes de ellos están los chóferes, como Nick, que viven en su propio apartamento en la mansión de los comandantes. Serena, la mujer de Fred, desesperada porque June no se queda embarazada, decide forzar una relación entre ella y Nick, y June se queda embarazada del chófer. Y, de paso, ambos se enamoran.
Este es el punto de partida de las seis temporadas. Las dos primeras son tan duras que es de las pocas series de mi olimpo que no he podido volver a ver. Siendo mujer, lo que les sucede a las mujeres de Gilead te causa dolor casi físico. Es una dictadura de hombres terribles, pero lo realmente terrible es que, sabiendo cuánto nos odian muchos hombres, temes que, si les diesen la oportunidad, serían miles los que nos tratarían así. Poco a poco, la semilla de la rebelión va tomando Gilead, se crea una resistencia y la apocada June, hija de una feminista que se pasó la vida luchando en la calle ante el horror de su hija, descubre que tiene más de su madre dentro de lo que pensaba.
Una de las cosas más potentes de la serie es el dibujo de los personajes, su evolución temporada a temporada. Quizás en este apartado la que más destaca es Serena, una mujer inteligente, que puso las bases de Gilead desde sus libros, y que ahora se encuentra en una cárcel, convertida en un hermoso florero. La lucha interior de Serena es impresionante, y también la relación que mantienen ella y June, en la que hay odio, miedo, envidia y, al final, casi respeto.
En esta serie, casi todos ellos son terribles, y ellas son las que se levantan para plantarles cara. Es una serie tremendamente feminista (absténganse de verla incels y demás especies similares, porque les espantará), pero van a necesitar la ayuda de muchos hombres honestos, horrorizados con lo que hacen sus pares. El final hace justicia poética, pero no es un final excepcional: alargar tanto una serie, al final, pasa factura.
